La pasión por la Selección nos volvió a reunir, nos recordó el valor del trabajo en equipo y también nos inspiró a jugar otro partido: el de la solidaridad. En la Casa Don Bosco de San Luis, el proyecto “Panza llena, corazón contento” convirtió un partido del Mundial en una oportunidad para encontrarse y salir al encuentro de quienes más lo necesitan.

En San Luis la alegría del mundial se transformó en una oportunidad para hacer algo por los demás. Por tercer año consecutivo, y en el marco del Mes del Sagrado Corazón de Jesús, la Pastoral de la Casa llevó adelante “Panza llena, corazón contento”, una iniciativa que convoca a la comunidad a preparar y compartir una cena con personas en situación de calle.

El viernes 3 de julio, mientras la comunidad se reunía para alentar a la Selección, voluntarios de distintos sectores de la Casa trabajaron codo a codo en la preparación de un guiso de pollo.

La experiencia volvió a poner en evidencia algo que también aprendemos del deporte: los grandes logros nunca son de una sola persona. Cada uno de los voluntarios fueron necesarios para que el proyecto pudiera hacerse realidad: limpiar y cortar los ingredientes, preparar la comida, cocinar y finalmente armar las viandas.

Así, una noche que comenzó compartiendo un partido de fútbol se convirtió también en un espacio de encuentro entre amigos, familias y miembros de la comunidad salesiana.

Cada vianda llevó mucho más que comida. Llevó cercanía, escucha y esperanza. Fue un gesto sencillo que permitió acercarse a quienes muchas veces atraviesan situaciones de soledad y vulnerabilidad, recordando que nadie debería sentirse solo.

Quizás ese sea uno de los mejores aprendizajes que nos dejó el Mundial: la alegría se multiplica cuando se comparte y una comunidad que juega unida puede transformar la realidad que la rodea.