El Mundial se terminó, pero quedaron acciones que dejan huellas

Ago 7, 2026

La pasión por la Selección nos volvió a reunir, nos recordó el valor del trabajo en equipo y también nos inspiró a jugar otro partido: el de la solidaridad. En la Casa Don Bosco de San Luis, el proyecto “Panza llena, corazón contento” convirtió un partido del Mundial en una oportunidad para encontrarse y salir al encuentro de quienes más lo necesitan.

En San Luis la alegría del mundial se transformó en una oportunidad para hacer algo por los demás. Por tercer año consecutivo, y en el marco del Mes del Sagrado Corazón de Jesús, la Pastoral de la Casa llevó adelante “Panza llena, corazón contento”, una iniciativa que convoca a la comunidad a preparar y compartir una cena con personas en situación de calle.

El viernes 3 de julio, mientras la comunidad se reunía para alentar a la Selección, voluntarios de distintos sectores de la Casa trabajaron codo a codo en la preparación de un guiso de pollo.

La experiencia volvió a poner en evidencia algo que también aprendemos del deporte: los grandes logros nunca son de una sola persona. Cada uno de los voluntarios fueron necesarios para que el proyecto pudiera hacerse realidad: limpiar y cortar los ingredientes, preparar la comida, cocinar y finalmente armar las viandas.

Así, una noche que comenzó compartiendo un partido de fútbol se convirtió también en un espacio de encuentro entre amigos, familias y miembros de la comunidad salesiana.

Cada vianda llevó mucho más que comida. Llevó cercanía, escucha y esperanza. Fue un gesto sencillo que permitió acercarse a quienes muchas veces atraviesan situaciones de soledad y vulnerabilidad, recordando que nadie debería sentirse solo.

Quizás ese sea uno de los mejores aprendizajes que nos dejó el Mundial: la alegría se multiplica cuando se comparte y una comunidad que juega unida puede transformar la realidad que la rodea.

La visita del Papa a nuestro país nos llena de expectativa y renueva las ganas de ponernos en movimiento. En este tiempo de preparación y espera, sus palabras cobran una vigencia especial para interpelar el presente y encender los corazones de nuestras comunidades y juventudes.

Tiempo atrás, dirigiéndose a los jóvenes, el Santo Padre dejaba unas palabras contundente a las nuevas generaciones: “No tengan miedo, sean brotes de paz allí donde crece la semilla del odio y el resentimiento; sean tejedores de unidad allí donde prevalecen la polarización y la enemistad; sean la voz de quienes no tienen voz para pedir justicia y dignidad; sean luz y sal allí donde se está apagando la llama de la fe y el gusto por la vida. No desistan si alguien no los entiende”.

De cara a su llegada a la Argentina, este llamado a ser “brotes de paz” encuentra un cauce natural en el carisma salesiano que se traduce en la amorevolezza: esa cercanía y amor concreto que los jóvenes necesitan sentir y percibir. En nuestros patios, escuelas y oratorios aprendemos cotidianamente que el otro jamás es un extraño ni un enemigo, sino un hermano. Redescubrir la fraternidad es la manera concreta con la que, desde las enseñanzas de Don Bosco, respondemos a su invitación para devolverle al mundo la alegría y la dignidad.

Ante esta visita que se acerca, la propuesta ya está en marcha: ¿En qué lugar, desde lo cotidiano, podés ser brote de paz?