Don Bosco Norte Argentina

“Todo comenzó en un pequeño patio y con un pequeño oratorio” RM – 2015

 El siglo de las luces

Europa, 1800.

Una época convulsionada por la campaña contra la monarquía, liderada por Napoleón Bonaparte.

Los efectos de la revolución industrial se materializaron en un importante movimiento migratorio desde el campo a las fábricas, lo que hizo crecer enormemente las ciudades.

Muchas familias campesinas dejaban sus tierras, ilusionadas con la promesa de la industria, que solo implicó explotación, salarios mínimos, largas jornadas de trabajo y precariedad en la calidad de vida.

  DON BOSCO

Juan Bosco nació el 16 de agosto en un pequeño caserío llamado I Becchi, perteneciente a la localidad de Castelnuovo, provincia de Asti, al norte de Italia.

Las familias de aquella región debieron enfrentar un largo tiempo de sequía que hizo difícil el trabajo en los campos.

-“Ven, Juan”, repetía afligida mi madre.

– “Si no viene papá, yo no voy”, le respondí.

“Pobre hijo mío, ya no tienes padre.”

I Becchi, 1817.

El padre de Juan se llamaba Francisco. Falleció el 12 de mayo a causa de una pulmonía, cuando tenía 34 años.

Juanito quedó huérfano a los 2 años de edad y fue su madre, Margarita Occhiena, quien se hizo cargo de la familia. La muerte de su padre es el primer recuerdo del que tiene memoria Don Bosco.

 

Orfandad y pobreza

La niñez de Juan estuvo marcada por la experiencia del trabajo para hacer frente al hambre. La oración y la confianza en la providencia sostuvieron a la familia cuando no hubo qué comer.

Sueños

I Becchi, 1925.

Los sueños acompañaron a Juan Bosco toda su vida. Él siempre los atribuyó a la pedagogía que usó Dios para manifestarse en su vida.

¡Tuvo más de 150!

El sueño más conocido e importante es el de sus 9 años. Desde entonces, Juan fue sintiendo progresivamente un gran deseo por estudiar y prepararse para ser un sacerdote dedicado a los jóvenes más pobres.

Muchos años después, mientras celebraba misa en el altar dedicado a María Auxiliadora, Don Bosco ropió en llanto. En ese momento, cuando ya estaba cansado y su vida se iba apagando, dijo haber comprendido el sueño de los nueve años.

“¡Juan ofrece un espectáculo de circo, en el prado! ¡Mamá, por favor, déjanos ir!”

En nuestra inspectoría hay un movimiento circense llamado “saltimbanqui”, en honor a esta faceta de Juan.

A los 10 años, Juanito pasaba los inviernos contando historietas en los establos. Durante la primavera, organizaba tardes de entretenimientos en las que hacía salir conejos de un sombrero; andaba sobre la cuerda floja; hacía juegos de manos; acrobacias; trucos de magia; y muchas cosas más que lo hacían parecer un saltimbanqui profesional.

Entre juego y juego invitaba a todos a rezar alguna oración, narraba lo que recordaba del evangelio que había escuchado durante la mañana y hacía algún canto religioso. Era la entrada que pedía al público.

 

Don Bosco conservará siempre esa alma de saltimbanqui. El teatro será algo inherente a su vida.

 Don Calosso, modelo a seguir

– ¿Y por qué quieres estudiar?

– Quiero ser sacerdote para ayudar a tantos amigos míos.

– Di a tu madre que venga a hablar conmigo, yo puedo ayudarte, aunque ya soy viejo.

 

Don Juan Calosso era un cura de 70 años cuando se encontró con Juanito Bosco, él tenía 14 años y un gran deseo de estudiar.

Calosso lo recibió en su casa y lo educó durante un año, se convirtió en un amigo fiel del alma que lo acompañó como un padre. La mañana que murió, Juanito lloró desesperadamente.

Juan tenía lo que hoy se llama inteligencia práctica. Era muy bueno en todo lo que requería habilidad manual. La Providencia puso en su camino maestros de todo tipo.

 Escuela de Castelnuovo

A los 16 años, Juan Bosco continuó la formación correspondiente a cuarto grado, con niños mucho más chicos que él. Por esto y por su forma de vestir, sufrió burlas por parte de compañeros y profesores. Pero Juan se entregó completamente al estudio y logró adelantar varios cursos.

En ese tiempo, su tío Miguel, le consiguió una pensión en casa del sastre y músico del pueblo. Bajo su tutela, Juan aprendió a tocar el piano, a cantar, y a ser un sastre. Además empezó a trabajar en la casa de un herrero donde también aprendió el oficio.

 Partida a Chieri

“Soy el hijo de Margarita Ochiena, y saltimbanqui del pueblo. Mi madre es pobre pero yo quiero ir a Chieri para estudiar y convertirme en sacerdote. Si ustedes pueden, ayúdenme”.

Juan trabajó para juntar el dinero que le permitiría continuar sus estudios en Chieri. Lo que más le ayudó fue el haber ganado, con su habilidad de saltimbanqui, un juego en una feria del verano, que consistía en subir hasta lo más alto de un poste donde había una bolsa con 20 liras. Esto todavía no era suficiente, por lo que se vio obligado a salir a hacer una colecta entre las familias del pueblo.

Como era de un carácter orgulloso, tender la mano le costó mucho y le causó hasta repugnancia. A lo largo de su vida, siempre le costará pedir limosna. Después de mucho sacrificio, logró ir a Chieri.

 

Sin embargo, Don Bosco se convirtió en el mayor mendigo del siglo XIX.

Amistad y vocación

Asistió durante 4 años a las escuelas públicas de Chieri. Fue un alumno y compañero ejemplar, muy querido. Tenía el espíritu de un líder. Formó la Sociedad de la Alegría, un grupo en el que la norma era mantenerse alegres a través de juegos sanos, la lectura de libros, y las oraciones.

En la escuela conoció a Luis Comollo, con quien llegaron a ser grandes amigos. Juan ayudaba a Luis con los deberes y de él aprendió a dominar su carácter y a perdonar.

Al término de la escuela, Juan tenía que decidir qué hacer con su vida. Lo primero que hizo fue presentar una carta para ser admitido en un monasterio franciscano. Con el tiempo, y con ayuda de Luis, quien lo conocía en profundidad, fue descubriendo que su camino era distinto. Así entró en el Seminario de Chieri.

Descubrir la vocación es un camino de a dos. Te invitamos a conocer nuestra pastoral vocacional.

Don Bosco fue ordenado sacerdote en 1841, a los 26 años.

 Seminario y ordenación

Chieri, 1841.

“Te consagré a la Virgen, cuando viniste al mundo; y te recomendé la devoción a nuestra madre cuando comenzaste los estudios; ahora te digo que seas todo suyo.”

Juan Bosco ingresó al seminario de Chieri a los 20 años. Era un buen lector, estudiante y además tenía buena memoria. También lo apreciaban porque siempre que podía, se ponía al servicio de los demás con lo que sabía sobre música y sastrería. Él quería mucho a los superiores, pero sentía que ellos eran muy lejanos.

Compartió estos años con Comollo, que murió en 1839.

Cuenta Don Bosco que durante los años de seminarista se llenó de vanagloria porque predicaba con muchas palabras difíciles y la gente del pueblo no le entendía. Empezó entonces a preparar homilías sencillas, al alcance de todas las personas.

  Don Cafasso

José Cafasso fue el sacerdote que acompañó espiritualmente a Don Bosco y otros religiosos en su juventud. Dirigía la residencia eclesiástica de Turín, de la cual Juan formó parte durante tres años. Allí se fortaleció en el ejercicio práctico del sacerdocio.

Don Bosco puso en las manos de Don Cafasso todas las decisiones, aspiraciones y acciones de su vida.

La escuela de acompañamiento forma personas para ser “Cafassos” hoy.

 Bartolomé Garelli

Turín, 1841

Don Bosco conservó siempre su espíritu alegre de saltimbanqui, por lo que tenía mucha facilidad para divertir sobre todo a los jóvenes con los que se encontraba por las calles. Por eso, ni bien llegó a Turín, ya estaba rodeado por chicos que lo seguían por el barrio, la plaza y hasta en la misma sacristía de la parroquia en la que trabajaba. Así conoció a Bartolomé Garelli.

Este fue el inicio del oratorio.

  El inicio del oratorio

Una tarde, Juan acompañó a Don Cafasso en una de sus habituales visitas a las cárceles de Turín. Quedó conmovido para siempre al ver a muchos jóvenes tras las rejas, en condiciones precarias y deshumanizantes.

 

Don Bosco hizo un proceso de acercamiento a ellos y fue comprobando que muchos de estos jóvenes terminaban encerrados a causa de la falta de oportunidades que encontraban en una ciudad marcada por la desigualdad, la explotación laboral, la orfandad postguerra, la discriminación, y la marginación social.

 

Así empezó a trabajar con los amigos de Bartolomé Garelli y con los jóvenes que salían de las cárceles.  Se congregaban los domingos en el patio de la residencia. Por la mañana había confesión y comunión y por la tarde se cantaba, jugaba, se hacía catequesis, y se repartía algo para comer. Durante la semana, Juan los visitaba en el trabajo, en los talleres y las fábricas. Hablaba con los patrones, arreglaba los contratos y los acompañaba en la búsqueda de trabajo. Estos jóvenes encontraron en Juan un verdadero amigo que los animaba a seguir adelante.

La cárcel seguirá siendo en la praxis de Don Bosco y en sus escritos, un punto de referencia a la fidelidad carismática y la labor educativa suya y de los herederos de su espíritu.

Te invitamos a conocer el trabajo de los jóvenes del Grupo Chispa.

El oratorio ambulante

– ¿Qué ocupa en este momento su corazón?

– Ocuparme de la juventud.

Asistió durante 4 años a las escuelas públicas de Chieri. Fue un alumno y compañero ejemplar, muy querido. Tenía el espíritu de un líder. Formó la Sociedad de la Alegría, un grupo en el que la norma era mantenerse alegres a través de juegos sanos, la lectura de libros, y las oraciones.

En la escuela conoció a Luis Comollo, con quien llegaron a ser grandes amigos. Juan ayudaba a Luis con los deberes y de él aprendió a dominar su carácter y a perdonar.

Al término de la escuela, Juan tenía que decidir qué hacer con su vida. Lo primero que hizo fue presentar una carta para ser admitido en un monasterio franciscano. Con el tiempo, y con ayuda de Luis, quien lo conocía en profundidad, fue descubriendo que su camino era distinto. Así entró en el Seminario de Chieri.

Don Bosco, desde el inicio, confió en Dios y en el oratorio. Por eso, jamás dio brazo a torcer, a pesar de tantas dificultades.

  Valdocco

—¿Es verdad que busca un sitio para montar un laboratorio?

—No un laboratorio, sino un Oratorio.

—Yo no sé si es lo mismo oratorio o laboratorio; pero un terreno sí que hay; ¡venga a verlo!

Turín, 1846.

Juan consiguió alquilar un terreno a un precio muy conveniente en Valdocco. Esto le dio al oratorio estabilidad y la posibilidad de sumar una escuela dominical y otra nocturna, en la cual se enseñaba a leer y escribir a los muchachos.

Era la primera vez en Valdocco que se daban clases de esta forma. Llamaba la atención que jóvenes analfabetos, en pocos meses avanzaran tanto en su educación. Este fue solo el inicio de una vasta obra educativa y evangelizadora que acogió a miles de jóvenes brindándoles oportunidades de promoción humana a través del evangelio.

Don Bosco acostumbraba a acercarse en plena actividad a los muchachos para dar una palabra al oído. Se trataba de un pequeño consejo y una forma de dar ánimo.

“Hasta mi último aliento será para los jóvenes”

Un hecho que marcó la vida de Don Bosco, fue una descompesación de salud frente a la cual le declararon poco tiempo de vida. Los muchachos ofrecieron oraciones, ayunos y promesas, pidiendo a Dios que no se llevase a su amigo ¡Y fueron escuchados!

Juan debió regresar a su casa en I Becchi para recobrar la salud. Al lograrlo, prometió dedicar toda su vida, hasta el último aliento, a los jóvenes del oratorio. Por eso, propuso a su mamá ir a trabajar y vivir con él. Ella aceptó gustosamente, y desde ese momento, Margarita vivió hasta sus últimos días entre los jóvenes de Valdocco.

Por ese tiempo, el oratorio se convirtió en casa para aquellos que deseaban estudiar y no tenían hogar. También se abrieron talleres de oficios, como la imprenta. Desde allí, realizaron diversas publicaciones populares, como el Boletín Salesiano.

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El oratorio de Valdocco llegó a ser una institución reconocida internacionalmente.
De manera integral, a través del Sistema Preventivo, miles de jóvenes encontraron una casa que los acogió, una escuela que los educó para la vida, un patio en el que quedaron marcados por la alegría y una parroquia en la que descubrieron el evangelio.

Sociedad de San Francisco de Sales

Valdocco, 1859.

El 18 de diciembre, con la bendición del papa Pío IX, Don Bosco dio origen a la congregación, junto a 22 jóvenes que habían crecido en el oratorio. Esa noche, hicieron votos ante Dios y firmaron un acta. Entre ellos, estaba Miguel Rúa, quien más tarde se convertiría en el primer sucesor de Don Bosco, y Juan Cagliero, el primer misionero en América. Decidieron llamarse salesianos en honor a San Francisco de Sales, y su fin era promover el espíritu caritativo del oratorio, dedicado a la salvación de los jóvenes, luchando contra las formas de pobreza y tomando como lema propio: “Dame almas, llévate lo demás”.

Entre juego y juego invitaba a todos a rezar alguna oración, narraba lo que recordaba del evangelio que había escuchado durante la mañana y hacía algún canto religioso. Era la entrada que pedía al público.

Junto a María Dominga Mazzarello, Don Bosco fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Luego dio origen a los Salesianos Cooperadores. Así quedó conformada la Familia Salesiana, extendida hoy por todo el mundo.

Expedición misionera

“Vayan, vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio”

Génova, 1875   En la escuela conoció a Luis Comollo, con quien llegaron a ser grandes amigos. Juan ayudaba a Luis con los deberes y de él aprendió a dominar su carácter y a perdonar. El 11 de noviembre, partió hacia América, la primera de muchas expediciones misioneras, conformada por 10 salesianos al mando de Juan Cagliero. En un primer momento se asentaron en la ciudad de la Boca, Buenos Aires y se dedicaban a los italianos emigrantes. En los siguientes años se extendieron a toda la patagonia y a América. ¿Sabías que Don Bosco soñó la patagonia? Sus sueños cruzaron fronteras y hoy tenemos las más variadas experiencias de misión.

Enfermedad y muerte

El cansancio de toda una vida de trabajo comenzó a expresarse en el cuerpo de Don Bosco, a través de una serie de descompensaciones. Finalmente, murió el 31 de enero de 1888. Sus últimas palabras fueron:

“Hagamos el bien a todos, el mal a nadie. Digan a mis chicos que los espero a todos en el paraíso.”.

Después de esto, algunas personas tenían dudas sobre la continuación de la obra salesiana. Sin embargo, rápidamente, Don Miguel Rúa fue nombrado rector mayor. Sus palabras al asumir fueron:

“Nosotros debemos considerarnos muy dichosos de ser hijos de ese gran padre. Por eso debemos poner todo nuestro esfuerzo en sostener y desarrollar a su tiempo y cada vez más, las obras iniciadas por él”.

Y así fue.

  Expansión de su obra

A la muerte de Don Bosco las casas de la congregación esparcidas por seis naciones eran 64 y los salesianos 768.Durante los años de rectorado de Miguel Rua, la congregación creció exponencialmente. Hoy, la congregación salesiana se encuentra en 133 países.

BICICLETA

La obra salesiana llegó hasta la ciudad de Bahía Blanca, donde un joven inmigrante conocería la felicidad de una vida entregada. Este fue Artémides Zatti.