El pasado 25 de mayo de 2026 desde la Sala Nueva del Sínodo en la ciudad del Vaticano se presentó, en presencia del Santo Padre León XIV, su primera Carta Encíclica Magnifica humanitas  (“Magnífica humanidad”) a la Iglesia y al mundo cuyo tema es la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial (IA), gran desafío para la humanidad hoy. 

Leemos al comienzo de la Encíclica:  “es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo […] se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos? (n. 6)

Más adelante el Santo Padre afirma: “el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso […] la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna” (n. 9).

Ya entrado en el desarrollo del tema, León XIV nos advierte: “No es mi intención ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones importantes, también en el ámbito eclesial, a las que es posible hacer referencia. Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”. (n. 97) 

 Así como la paz viene siendo un llamado profético del actual Pontífice desde su primer saludo aquel 8 de mayo en un contexto mundial difícil, el nombre elegido como sucesor de Pedro por el Card. Robert Francis Prevost fue el de “Léon XIV”, lo que nos daba pistas de una continuidad con León XIII, quien fuera el Papa que abordó la cuestión social de los obreros a finales del siglo XIX con su Carta Encíclica Rerum novarum del 15 de mayo de 1891, iniciando así la llamada “Doctrina Social de la Iglesia”.  

 Ahora el Papa León XIV hace su contribución al Magisterio social de la Iglesia abordando el grave desafío que estamos atravesando como humanidad, pero lo hace con confianza y ojos de fe, junto al clamor y rostro de los pobres y el cuidado de la casa común. Lo hace en diálogo con numerosas personas que están abocadas directamente con esta realidad: los científicos. Para el Santo Padre la IA debe ser “desarmada” y no un instrumento de exclusión ni de muerte. Quiere hacer presente la cuestión humana y su desarrollo en medio de los desafíos que implica, muchas veces “anónimos” o “silenciosos” pero omnipresentes de la IA, retomando el horizonte de la “Civilización del amor” planteado por sus predecesores los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, cooperando a una humanidad más humana desde la sabiduría de la fe.  

 En la Sala Nueva del Sínodo hubo además varios presentadores que desde distintas perspectivas ofrecieron sendos comentarios desde sus conocimientos y experiencias sobre la Encíclica convergiendo en una certeza: el desarrollo de la IA “no es un destino escrito” sino que está en nuestras manos una orientación de esta realidad nueva según el plan de Dios.

 En la Carta, en la Nota al pie n° 123 el Papa León recoge las reflexiones de la Iglesia de este último tiempo sobre estos desafiantes temas, dos de las cuales quisiéramos resaltar aquí: Dicasterio para la Doctrina de la Fe – Dicasterio para la Cultura y la Educación, Nota Antiqua et nova (14 enero 2025) y Comisión Teológica Internacional; y Comisión Teológica Internacional Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad (9 febrero 2026),  

 Hacia el final de sus palabras de presentación el Santo Padre León nos pedía a todos los miembros de la Iglesia  “aprender a escuchar” y  “vigilar” sobre esta realidad. Nos invitamos a tomar el texto, leerlo y meditarlo. Y dado que es un texto dirigido a toda la humanidad, también compartirlo y hacerlo circular (de aquí viene la etimología de “encíclica”) en este sentido.

 Juan P. Tobanelli – SDB –