María, la maestra

Sep 24, 2021

“Te voy a dar la Maestra que te enseñará esa sabiduría sin la cual todo otro estudio será una tontería.”

Se juntan en setiembre en nuestras comunidades educativas salesianas muchas celebraciones que hacen a nuestro quehacer cotidiano en la escuela: Maestras y Maestros, Profesoras y Profesores, Preceptoras y Preceptores, Bibliotecarias y Bibliotecarios, Psicopedagogas y Psicopedagogos. Una multitud de educadores que, siguiendo las huellas de Don Bosco, se entregan con pasión a la misión de educar a nuestros hermanos más jóvenes.

El sueño de Juanito a los 9 años queda “profundamente grabado en su mente para toda la vida” y puede alentar nuestro camino de educado-res anotándonos en la escuela de María, su Maestra y la nuestra.

María nos enseña que nuestra vocación de educadores supone dedica-ción, entrega y la ofrenda de nuestras propias personas y, que en este darnos, experimentamos la alegría profunda que nace de nuestra donación. Recordemos a la Virgen que después de haber recibido la noticia de que será la madre de Jesús, parte sin demora a socorrer y servir a Isabel. Esta es la disponibilidad que nos enseña “la Maestra”, disponibilidad total para servir a nuestros chicas y chicos en su crecimiento humano y espiritual.

Y, si por allí aparece el desconcierto, la incomprensión o el agobio; Ella, la Maestra, nos pondrá la mano sobre la cabeza para darnos ánimo, para auxiliarnos, para continuar enseñándonos la sabiduría de la entrega, la misma entrega de su Hijo: “que no vino a ser servido sino a servir”, para “hacerlo todo” como lo hizo en la vida de nuestro Padre.

¡Gracias queridos educadores! Que María, la Maestra, les siga descu-briendo todos los días la fuerza y la alegría de la entrega.

Por: P. Claudio González

La visita del Papa a nuestro país nos llena de expectativa y renueva las ganas de ponernos en movimiento. En este tiempo de preparación y espera, sus palabras cobran una vigencia especial para interpelar el presente y encender los corazones de nuestras comunidades y juventudes.

Tiempo atrás, dirigiéndose a los jóvenes, el Santo Padre dejaba unas palabras contundente a las nuevas generaciones: “No tengan miedo, sean brotes de paz allí donde crece la semilla del odio y el resentimiento; sean tejedores de unidad allí donde prevalecen la polarización y la enemistad; sean la voz de quienes no tienen voz para pedir justicia y dignidad; sean luz y sal allí donde se está apagando la llama de la fe y el gusto por la vida. No desistan si alguien no los entiende”.

De cara a su llegada a la Argentina, este llamado a ser “brotes de paz” encuentra un cauce natural en el carisma salesiano que se traduce en la amorevolezza: esa cercanía y amor concreto que los jóvenes necesitan sentir y percibir. En nuestros patios, escuelas y oratorios aprendemos cotidianamente que el otro jamás es un extraño ni un enemigo, sino un hermano. Redescubrir la fraternidad es la manera concreta con la que, desde las enseñanzas de Don Bosco, respondemos a su invitación para devolverle al mundo la alegría y la dignidad.

Ante esta visita que se acerca, la propuesta ya está en marcha: ¿En qué lugar, desde lo cotidiano, podés ser brote de paz?