Cuidar el suelo, regalo de Dios

Jul 7, 2020

[vc_row][vc_column][vc_column_text]El suelo es el sustento de la vida, fuente de casi todos los alimentos que consumimos. Es además un recurso no renovable, que necesita de nuestro cuidado diario.[/vc_column_text][vc_column_text]

 

El 7 de julio es el día de la conservación del suelo. Se trata de una fecha de la agenda ambiental que nos recuerda la importancia de repensar nuestros hábitos y comportamientos sobre nuestra Casa Común y convertirlos en prácticas sustentables.

Nuestros suelos, además de brindarnos materias primas para los alimentos que consumimos, la ropa que vestimos o los edificios que construimos, aportan gran parte de la energía que cada día usamos, permiten el reciclaje de nutrientes y residuos orgánicos, regulan los ciclos hídricos, ayudan a combatir inundaciones y almacenan carbono, contribuyendo de esta manera a disminuir los efectos del cambio climático.

 

Algunas de las prácticas que no favorecen la conservación de los suelos son: la deforestación, el monocultivo y el uso excesivo de agroquímicos. Y aún si pensamos que esto representa una realidad lejana a nuestro contexto cotidiano, con pequeñas acciones podemos comprometernos en el cuidado del suelo y el ambiente en general:

– Separando residuos y aprovechando los orgánicos en compost y huertas caseras.

– Evitando la quema de residuos orgánicos, que generan gases tóxicos.

– Consumiendo productos agroecológicos y con sistemas productivos respetuosos de la naturaleza.

– Fomentando consumos responsables en las compras diarias de nuestras familias y grupos juveniles (con reducción de plásticos, por ejemplo).

– Sembrando árboles y reforestando… ¡incluso en casa!

– Involucrándonos activamente a través de la lectura de informaciones específicas y adoptando estas prácticas en lo de todos los días.

 

 

El Papa Francisco en la Encíclica “Laudato Sí” nos dice:

“el suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios...”.

Como jóvenes líderes y ciudadanos comprometidos con el cuidado del medio ambiente debemos trabajar para ser agentes multiplicadores de buenas prácticas que conserven este recurso, finito y no renovable. 

 

Una colaboración de: 

- Sofía Nieva (Oficina de Planificación y Desarrollo)
- Luciana Caprini - Matías Coronel (Equipo de Comunicación Social)

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La visita del Papa a nuestro país nos llena de expectativa y renueva las ganas de ponernos en movimiento. En este tiempo de preparación y espera, sus palabras cobran una vigencia especial para interpelar el presente y encender los corazones de nuestras comunidades y juventudes.

Tiempo atrás, dirigiéndose a los jóvenes, el Santo Padre dejaba unas palabras contundente a las nuevas generaciones: “No tengan miedo, sean brotes de paz allí donde crece la semilla del odio y el resentimiento; sean tejedores de unidad allí donde prevalecen la polarización y la enemistad; sean la voz de quienes no tienen voz para pedir justicia y dignidad; sean luz y sal allí donde se está apagando la llama de la fe y el gusto por la vida. No desistan si alguien no los entiende”.

De cara a su llegada a la Argentina, este llamado a ser “brotes de paz” encuentra un cauce natural en el carisma salesiano que se traduce en la amorevolezza: esa cercanía y amor concreto que los jóvenes necesitan sentir y percibir. En nuestros patios, escuelas y oratorios aprendemos cotidianamente que el otro jamás es un extraño ni un enemigo, sino un hermano. Redescubrir la fraternidad es la manera concreta con la que, desde las enseñanzas de Don Bosco, respondemos a su invitación para devolverle al mundo la alegría y la dignidad.

Ante esta visita que se acerca, la propuesta ya está en marcha: ¿En qué lugar, desde lo cotidiano, podés ser brote de paz?