Hoy inicia un tiempo de preparación, un tiempo de esperanza para todos los católicos. El desafío de este año será continuar siendo signos de amor para los demás.

El miércoles de cenizas indica el inicio de la cuaresma, un tiempo en el que la iglesia católica se prepara para la fiesta de la Pascua, centro de nuestra fe. Esta época está llena de signos visibles, cuyo significado va mucho más allá de lo sensible.

“Conviértanse y crean en el Evangelio”

Las cenizas de este día son un signo: representan nuestra pequeñez, eso que somos. Nos recuerdan que en la vida todo es pasajero. Dice el Papa Francisco:

“Las realidades terrenales se desvanecen, como el polvo en el viento. Los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina. La cultura de la apariencia, hoy dominante, que nos lleva a vivir por las cosas que pasan, es un gran engaño. Porque es como una llamarada: una vez terminada, quedan sólo las cenizas”.

El rito de la imposición de cenizas en la cabeza se realiza de manera diferente según el país. La costumbre de marcar una cruz en la frente es común en Latinoamérica, pero este año, las medidas sanitarias por el coronavirus lo impiden. Por eso, desde el Vaticano se ha difundido una modificación del rito realizada por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El sacerdote dejará caer las cenizas sobre la cabeza de los fieles.

Este cambio, sin embargo, llega después de tantos que tuvimos que aceptar y cuando también nuestra capacidad de adaptación se ha potenciado. La pandemia nos ha mostrado mejor que las cenizas que las cosas son efímeras, que nuestro tiempo en este mundo se acaba, que los planes se modifican… y estamos aprendiendo a establecer prioridades y a valorar lo que es en verdad importante, la esencia de las cosas.

 

Una buena noticia

El Evangelio es palabra de fe y esperanza, Palabra de Dios. “ El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35). La buena noticia es que la muerte no tiene la última palabra; que aún hoy, en medio de la enfermedad, de la pobreza, del desánimo y el dolor, el Dios que (nos) ama se hace presente.

Los momentos de dificultad nos invitan a duplicar las esperanzas y la acción. En el merendero, en el ropero comunitario, en las viandas de comida, en las zonas sin barbijos ni protocolos, ahí está Jesús. Limpiando los pisos de los hospitales y los bancos de los templos. La buena noticia es su presencia en medio nuestro. Debemos llevarlo a todos los rincones y hacer de esta cuaresma camino de esperanza, reconociendo su fin no en la cruz, sino en la alegría de la resurrección.

Podés encontrar recursos para vivir esta cuaresma en Semilla de Mostaza. Descargá el PDF Camino de Esperanza