Durante este verano, más de 50 jóvenes de nuestra Inspectoría decidieron hacer una pausa en sus vacaciones, o sus obligaciones, para sumarse con su servicio a otras comunidades. Dejaron la comodidad de su casa y el descanso habitual para poner el cuerpo y el tiempo en oratorios, misiones y demás propuestas en distintos puntos de nuestro país.
Libres para servir
Hay una dimensión de la fe que sólo se entiende caminando. El Voluntariado Misionero Salesiano de verano recupera esa inquietud esencial del Evangelio: salir. El Rector Mayor plantea esta idea en el Aguinaldo propuesto para este año: “Haced lo que Él os diga. Creyentes, libres para servir”. En esa última frase se resume el espíritu del Voluntariado: el servicio.
Al llegar a un lugar nuevo, el joven deja de lado sus roles de siempre para ponerse a disposición. Se trata de habitar, por unos días, la realidad de una comunidad distinta, asumiendo sus tiempos, sus necesidades e involucrándose en sus alegrías y preocupaciones. Consiste, entonces, en descubrir a Dios en el encuentro, en una dinámica donde el que llega y el que recibe aprenden por igual.
La misión toma formas muy concretas: animar los juegos en un patio bajo el sol, preparar unas buenas tardes de catequesis, pensar una formación o un momento de oración para los animadores, dar una mano con el mantenimiento de los espacios o compartir unos mates y una charla. La presencia de los jóvenes voluntarios alimenta y renueva la vida de las comunidades. Asimismo, la vida comunitaria entre los voluntarios y las comunidades salesianas —o los laicos que los acompañan— es una experiencia muy importante que forma parte de la tarea misionera, porque “la comunión se configura como comunión misionera”, como nos recordaba el Papa Francisco (EG, n. 23).
Comunidades que abrieron sus puertas
Este verano, las comunidades que abrieron sus puertas a los voluntarios fueron:
- Litoral y NEA: Formosa, Corrientes, Concepción del Uruguay, Domingo Savio de Rosario y Curuzú Cuatiá.
- Centro y Cuyo: Río Tercero y Las Heras, Mendoza.
- NOA: Santiago del Estero y La Rioja.
El Hno. Juan Pablo Tobanelli, Delegado Inspectorial para la Animación Misionera, nos comparte su visión sobre lo que representa esta movida juvenil para nuestra familia inspectorial:
“Cada año con el Equipo de Animación Misionera y Voluntariado vamos viendo con asombro y entusiasmo cómo tantos jóvenes se interesan y emprenden un caminito de acompañamiento en sus comunidades para discernir y formarse en vistas a estas experiencias. También vamos viendo con gratitud cómo las casas salesianas se preparan para el verano y abren sus puertas para recibir con mucho esfuerzo y cariño a los voluntarios, acompañarlos y cuidarlos. Para dar gracias y rezar y en la medida de nuestras posibilidades también apoyar solidariamente a las comunidades donde están los voluntarios.”
Testimonios de los voluntarios: qué sueñan para estos días
En cada destino, los jóvenes comparten deseos y búsquedas que acompañan este tiempo de servicio.
En La Rioja, Giani (de Funes) nos compartió que espera para su voluntariado: “me gustaría poder llenarme de las historias, las experiencias, los nombres y el sentir de esta comunidad tan hermosa. También que los chicos puedan sentir ese amor tan puro que Don Bosco nos enseñó a dar”.
En Las Heras, Mendoza, Constanza (de Salta) expresó: “Deseamos que los chicos y chicas puedan encontrar a ese Dios que está en el Patio y es amigo de cada uno de ellos. También deseamos vivir juntos la santidad desde lo cotidiano”.
En el mismo destino, Bere (de Rosario) nos comentó su deseo para estos días de servicio: “me gustaría que los chicos tengan la certeza de que son valiosos, amados, escuchados y a su vez también ser un puente entre Jesús y los chicos”.
Por su parte, Abril (de Posadas, Misiones), también en Las Heras, compartió: “considero que mientras más uno ama, y es el rostro vivo de Dios hacia los demás, más feliz uno es. Es en ese encontrarse con el resto, me encuentro a mi misma y me reconforta con mi servicio”.
El Voluntariado Salesiano Misionero de Verano es una experiencia que se construye con gestos simples y presencia cotidiana: animar, escuchar, acompañar y compartir la vida en comunidad fieles al carisma salesiano. Agradecemos a cada joven que se sumó, a quienes acompañaron el camino y a las casas que abrieron sus puertas para recibir y cuidar a los voluntarios.