El regreso a las aulas llenas, al recreo ruidoso y a la rutina que marca el ritmo de millones de vidas.

La vuelta a la presencialidad plena dejó en evidencia aquello que nos atraviesa el cuerpo y el corazón: las ganas del reencuentro, del abrazo, el juego, las risas y el compartir. La alegría y los nervios del momento nos desbordan, y el caos no demora en presentarse: niños, jóvenes, sus familias y educadores intentamos retomar el hábito que Juan Bosco nos regaló: el Buenos Días. Pasaron casi dos años desde la última vez que nos congregamos todos, alrededor del mástil.

Y como al Tata Dios no se le escapa ningún detalle, la vuelta comenzó con el miércoles de ceniza que da inicio al tiempo de Cuaresma. Luego de izar las banderas y de pronunciar las primeras palabras de bienvenida, nos regalamos un momento de silencio para pasar por la mente y el corazón, todo lo vivido en el último tiempo: los desafíos atravesadas para sostener la escuela en casa, las dificultades, el aprendizaje, el distanciamiento y las personas que ya no están entre nosotros. Con una memoria agradecida por encontrarnos en el patio, ofrecemos con esperanza este nuevo comienzo bajo la protección de nuestra Madre Auxiliadora.

El patio volvió a poblarse de miradas, sonidos y colores, de rostros que son bienvenidos y de aquellos que, detrás de un barbijo, se reconocen en la familiaridad. Volvimos a las aulas, a la rutina, a las responsabilidades y a las preocupaciones.  Pero también, volvimos a transitar nuestro espacio de encuentro que nos regala la oportunidad de hacer, crear, reinventarnos, desafiarnos, construir, crecer en comunidad y encontrarnos con Aquel que hace nuevas todas las cosas.

Bienvenidos/as a la casa de Don Bosco!

Buenos Días!

Vanesa Steiner

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