“Reiniciar(nos): una paz desarmada y desarmante”
El mensaje de León para la 59º jornada mundial de la paz,
1 de enero de 2026
Estrenando un año nuevo llegan los saludos y buenos deseos de nuestras amistades, familiares y conocidos. También es frecuente que en las charlas de estos primeros días del nuevo año compartamos los proyectos que tenemos por delante. Como Iglesia cada 1 de enero junto a celebración de Santa María “Madre de Dios”, desde hace muchos años el Santo Padre nos invita a una jornada de oración por la paz. Entonces, ¿Puede esta jornada ayudarnos a “reiniciar” el año nuevo, renovar y ayudar a discernir nuestro camino que nos espera? ¿Cuál es el mensaje de paz que necesitamos como humanidad para este año? Compartimos aquí algunas líneas a partir del Mensaje que el Papa León XIV nos deja para esta 59º jornada mundial de la paz [2].
Una paz desarmada y desarmante
Todos recordaremos aquel 8 de mayo de 2025 en el que el nuevo Obispo de Roma, que había elegido para sí el nombre de León XIV, salía a saludar a la plaza de San Pedro y con una sonrisa amplia y serena dirigía sus primeras palabras al pueblo de Dios: “¡La paz esté con ustedes!”. Y más adelante expresaba: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente». [3] Es significativo que ahora tengamos entre nuestras manos este Mensaje que recoja y desarrolle ese binomio sobre la paz: desarmada y desarmante.
Este binomio de la paz “desarmada y desarmante” es un estribillo recurrente en el Papa León ya que lo ha mencionado tres veces luego de su elección y repetido en otras varias ocasiones. [4] Así mismo, otros Pontífices han empleado estos dos términos: el Papa Francisco los refería al amor y a la misericordia y San Juan Pablo II a la “pequeñez” o minoridad. Pero parece un sello distintivo de la persona de León el referirlos a la paz.
Ante todo, nos dice el Santo Padre, es la paz que nos da Cristo resucitado, paz que les dio a sus discípulos y a los de todos los tiempos, entre ellos, a nosotros también, convirtiéndonos en testigos y difusores de esta paz. El Resucitado nos introduce en ese “horizonte de paz” que: “sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita «basta», a la paz se le susurra «para siempre»”.
La paz, como la fe, se nos hace luz para nuestro camino. Ambas tienen un carácter luminoso que es preciso recuperar para creer en ellas y no hundirnos en la oscuridad. El Señor Resucitado ha vencido esta batalla de una vez para siempre y para todos, y a nosotros nos queda, con su gracia, ir realizándola día tras día. Sabemos lo difícil que es conservar la paz y seguir adelante con ella ante algunas situaciones o circunstancias personales, comunitarias o históricas. Aquí la invitación del Santo Padre es clara y contundente:
“Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.”
Creo que hoy al ser ciudadanos de este mundo global algunas cuestiones nos pueden parecer “lejanas e imposibles” como la pobreza, la crisis ecológica y el cambio climático o incluso ¡la misión de la Iglesia! y “quedar allá lejos de mi vida…”, “en otros lugares…”, “para otras personas…”: puede pasar lo mismo con la paz. En este caso, porque quizás la consideramos solo como una “ausencia de guerra” lo que nos lleva a pensar que “como en estas tierras no estamos en guerra… no es asunto nuestro”. Entonces, conviene detenernos y, a la luz de este párrafo del Mensaje, preguntarnos: ¿qué es para mí la paz? ¿qué representa en mi vida y a mi alrededor? ¿la considero algo importante en mi vida de creyente? ¿tendría que reconsiderar qué es la paz y de esta manera ampliar lo que entiendo por ella? [5]
“Por eso me avergüenzan mis violencia” [6]: una paz desarmada.
“La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha” nos dice León XIV en su Mensaje. Y prosigue: “Los cristianos, juntos, deben hacerse proféticamente testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas veces se han hecho cómplices. La gran parábola del juicio universal invita a todos los cristianos a actuar con misericordia, siendo conscientes de ello (cf. Mt 25,31-46). Y, al hacerlo, encontrarán a su lado hermanos y hermanas que, por distintos caminos, han sabido escuchar el dolor ajeno y se han liberado interiormente del engaño de la violencia.”
La paz de Jesús es desarmada, en cambio “la del mundo” es armada, es decir, todavía se sigue consintiendo aquel dicho latino de Publio Flavio Vegezio: “Si vis Pacem para Bellum” (“Si quieres la paz, prepara la guerra”). En el Mensaje se señalan dos aspectos de la actualidad con respecto a esto: por un lado la “lógica de oposición” como “el dato más actual en una desestabilización planetaria que va asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad” y por el otro lado, “el enorme esfuerzo económico para el rearme”. En ambos casos en el fondo está aquella “lógica del más fuerte”, “la fuerza disuasiva del poder (que) encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”. Aquí el Papa León trae las sabias palabras de San Juan XXIII “el Papa Bueno” en su memorable Carta “Pacem in terris” de 1963, la cual Francisco, 60 años después de su publicación nos recomendaba leer.
El Santo Padre expone en su Mensaje aspectos muy concretos de lo que señala:
“Pues bien, en el curso del 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB mundial. Por si fuera poco, hoy parece que se quiera responder a los nuevos desafíos, no sólo con el enorme esfuerzo económico para el rearme, sino también con un reajuste de las políticas educativas; en vez de una cultura de la memoria, que preserve la conciencia madurada en el siglo XX y no olvide a sus millones de víctimas, se promueven campañas de comunicación y programas educativos, en escuelas y universidades, así como en los medios de comunicación, que difunden la percepción de amenazas y transmiten una noción meramente armada de defensa y de seguridad”.
Un sacerdote italiano que vivió muchos años en un país del África daba cuenta en primera persona de que “el comercio de las armas era un sector siempre próspero, un sector que no conocía la recesión” [7]. Así, se pone en marcha la rueda económica, las tecnologías artificiales orientadas a estos fuertes “intereses económicos y financieros privados que van empujando a los estados en esta dirección”, etc., para alimentar los diferentes conflictos que cubren con sangre a pueblos enteros. En primera persona y como hijo de un pueblo que un día tomó estado nacional con los hechos de 1995, mi querido Río Tercero, puedo dar cuenta de que “esta economía mata” como decía nuestro recordado Papa Francisco [8].
A partir de estas ideas y de otras expresiones del Papa en su Mensaje y que me llamaron la atención se me venía una pregunta concreta “a pequeña y a gran escala”: ¿quién/es se beneficia/n con esta pelea, “guerra”, conflicto, “culebrón de novela”? Porque pasa en nuestra vida cotidiana que nos vamos “armando” y hasta se puede decir de nosotros que somos personas de “armas tomar”. Entonces, ¿cuál va a ser mi posición en este año que tengo por delante? Olvidar la paz y ceder a las tinieblas nos dice León es ir perdiendo realismo:
“Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado” […] Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública.”
Una paz desarmante.
La paz como camino implica concretamente en algunos casos el desarme, el “deponer las armas”, para salir así de ese espiral destructivo. Es por eso que el Santo Padre León nos dice en su Mensaje que “la bondad es desarmante” y que “quizás por eso Dios se hizo niño”. Pienso que el Niño Dios nacido en Belén, es quien así, en la condición que eligió venir a este mundo, es desarmante y que muchas otras cosas que nos hablan de aquel Pesebre, son desarmantes: la gratuidad, la sencillez, la misericordia, el amor, la ternura, la confianza, una respuesta amable y serena, una sonrisa sincera. Me parece una gran oportunidad al comienzo de año estar atentos a estos pequeños gestos y detalles cotidianos que podemos incorporar a nuestro “pequeño caminito” como decía Santa Teresa del Niño Jesús. Y va agregar el Pontífice que
“Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37).”
Mientras un mundo “privatista” y “exitista” tiene puesta la mirada hacia otro lado, un corazón desarmado y desarmante, puede tener una mirada distinta sobre las cosas, como nos invita el Papa León: “quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37)” hacia el deseado desarme [9].
Retomando la perspectiva del desarme integral tal como fuera planteada novedosamente por San Juan XXIII en la Carta arriba mencionada, el Papa León sostiene que “un servicio fundamental que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre es vigilar el creciente intento de transformar incluso los pensamientos y las palabras en armas.” Luego de lo cual, nos deja la siguiente propuesta:
“Por eso, junto con la acción, es cada vez más necesario cultivar la oración, la espiritualidad, el diálogo ecuménico e interreligioso como vías de paz y lenguajes del encuentro entre tradiciones y culturas. En todo el mundo es deseable «que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón». Hoy más que nunca, en efecto, es necesario mostrar que la paz no es una utopía, mediante una creatividad pastoral atenta y generativa”.
Y ya hacia la parte final de su Mensaje completa:
“¿Cómo habitar un tiempo de desestabilización y de conflictos liberándose del mal? Es necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política que mantenga viva la esperanza […] el desarrollo de sociedades civiles conscientes, de formas de asociacionismo responsable, de experiencias de participación no violenta, de prácticas de justicia reparadora a pequeña y gran escala.”
Nuestro compromiso y oración por una paz desarmada y desarmante
Por estos días, hemos tenido la sorprendente noticia de la intervención de los Estados Unidos a Venezuela tomando al presidente de esta nación. Un hermano de aquel país nos decía que tenían más preguntas que respuestas y que no sabían cómo puede terminar todo esto. Un motivo más para orar juntos por la paz y comprometernos con el Mensaje que el Santo Padre León nos deja.
Por último, la lectura de este mensaje y las líneas que fui compartiendo me trajeron a la mente una historia compartida por un compañero de camino, y que quiero dejárselas también a uds. Quizás la conocen. Se trata de Hiroo Onoda [10]:
Aquella mañana, en medio de una charla profunda y luego de desandar partes de mi historia de vida, escuché la narración de un soldado japonés. Fue un relato breve, sin muchas precisiones ni de fechas ni de lugares, pero que llegó a captar mi atención y continuó trabajando en mí por varios días: “Un soldado japonés, negando el hecho de la rendición de su país, permaneció escondido durante muchos años, sosteniendo que la guerra no había concluido aún. Más allá del aviso de que “la guerra ya había terminado” y de la firma de la rendición, él estaba aún en guerra. Y así permaneció por unos treinta años”.
A continuación la persona con la que estaba hablando concluyó: “y en tu caso también: «la guerra ya ha terminado…»”. No hubo más reflexiones ni agregados. Eso fue todo. Creo que mi silencio prolongado fue la señal para que la otra persona comenzara a despedirse de mí. Y así concluyó el encuentro. Cada tanto, esta frase viene a iluminar mi camino.
Que al inicio de este año nuevo el Señor nos conceda su paz desarmada y desarmante y que cada uno de nosotros y de nuestros hermanos a nuestro lado nos permitamos que esta paz comience a despertarse, como una secreta pero firme luz, aun en medio de las peores situaciones hasta llegar a sentir “que la guerra ya ha terminado”.
Hermano Juan Pablo Tobanelli SDB –
Delegado Animación Misionera y Voluntariado.
[1] Y. Amijái, “Una paz silvestre”, en Poemas escogidos, México, 1990. Citado por el Papa León, Bendición «Urbi et Orbi», 25 de diciembre de 2025.
[2] Encontrás el mensaje completo en https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/12/18/181225a0.html
[3] León XIV, Bendición apostólica “Urbi et Orbi” y primer saludo, Logia central de la Basílica de San Pedro, 8 de mayo de 2025.
[4] Véase el artículo de Giovanni Cucci y Marco Giordano Portoso en https://www.laciviltacattolica.es/2025/12/05/una-paz-desarmada-y-desarmante/ 5 de diciembre de 2025.
[5] Puede ayudar la lectura del nº 225 de la Carta Laudato Si´ del Santo Padre Francisco, que el Señor lo tenga en su santa gloria.
[6] Eduardo Meana, Declaración de domicilio.
[7] P. Giulio Albanese, en Avvenire, Anno L, Nº 41, 12 de noviembre de 2023.
[8] Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, nn. 53-60. Para ampliar este punto es interesante la publicación de Imanol Zubero titulada “Contra la necronomía. Necesidad y posibilidades de una economía al servicio de la vida”, Cristianisme i Justícia, Cuaderno nº 237, Barcelona, mayo 2024. Disponible en https://www.cristianismeijusticia.net/es/contra-la-necronomia-necesidad-y-posibilidades-de-una-economia-al-servicio-de-la-vida
[9] En la misma sintonía, nada más que al plantear la grave crisis socio ambiental, el Papa Francisco nos hacía preguntar: “¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo? Esta pregunta no afecta sólo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario. Cuando nos interrogamos por el mundo que queremos dejar, entendemos sobre todo su orientación general, su sentido, sus valores. Si no está latiendo esta pregunta de fondo, no creo que nuestras preocupaciones ecológicas puedan lograr efectos importantes.” (Laudato Si´, n. 160)
[10] “Fin de la Segunda Guerra Mundial: el soldado de Japón que tardó 29 años en rendirse tras la contienda (y por qué para ese país ha sido tan difícil aceptar la derrota)” extraído de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53790724 [consultado el 10 de enero de 2026].