Este 2016 no será un año más para Gustavo Rossi, exalumno, empleado (en uso de licencia) del colegio salesiano de la ciudad de Santa Fe, y uno de los árbitros designados para la próxima copa América de fútbol. Seguramente pasarán los años y él lo seguirá teniendo fresco en la memoria. Recordará cada uno de los detalles del camino transitado: Liga Santafesina, torneos del interior, fútbol profesional, Copa Sudamericana, Copa Libertadores, el clásico Boca – River.

Consultado sobre el lugar que ocupa su familia en esta profesión, nos cuenta que el arbitraje tiene cosas muy lindas pero también tiene su sacrificio, «acá no hay día de la madre, cumpleaños ni nada. Entonces cuando estoy con mi familia, más que cantidad de tiempo procuro disfrutar y darle calidad a ese tiempo que comparto con Vanina y mis hijos. Dejando de lado todos los embrollos del arbitraje, abstrayéndome al abrazo de Mateo y los besos Ema. Cada vez que estamos en vestuario y antes del partido tengo la costumbre de mirar un par de fotos de mi familia, lo que me ayuda a concentrarme y alistarme para salir a la cancha».

Al preguntarle por lo que ha sido Don Bosco en su vida, con un cambio de voz llena de emoción afirma: «él ha sido Todo. Desde los cuatro años transité por sus patios. Y sin darme cuenta he ido mamando de sus enseñanzas desde el oratorio, porque para jugar a la pelota previamente debías haber ido a misa. También tuve la suerte de cruzarme con salesianos de la talla del p. José Lorber, con esa autoridad paternal; el p. Francisco Dorozenski, tipo laburante que no conocía el descanso; el p. Juan Brizio, un confesor de lujo; el p. Juan Pinolini, quien me alentó en esta vocación; el mismo p. Adrián Botta quien también fue personal del colegio en mi última etapa como preceptor del secundario y que fue el testigo de mi casamiento por iglesia. Y los laicos han sido muchísimos…., pero nos los quiero nombrar porque de verdad han sido una inmensa cantidad y temo olvidarme mencionar a alguno».
También nos confesó que la vida de fe es lo que lo sostiene en su día a día. Y agrega: «tengo por hábito, apenas me instalo en una ciudad, visitar la Iglesia Catedral; es mi modo de ser agradecido, porque es lo que aprendí y siento desde chico. Como en todas las cosas de la vida, la fe tiene muchos altibajos. Pero la fe nunca se pierde, a veces está más otras menos, pero está en mi vida de creyente. Ello es parte de cotidianeidad. También me ha tocado visitar obras salesianas e incluso di con árbitros que también son exalumnos salesianos. Por eso siempre llevo en mi billetera mi carnet de exalumno salesiano».

La obra salesiana de Santa Fe está muy orgullosa de que uno de sus hijos, formado enteramente en sus aulas y en sus patios, haya alcanzado el máximo nivel mundial del referato.

Por Mario Gauna
Fotos: Agustín Píxel

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