Ser familia es compartir algo, es tener algo en común, es unión.

En la familia está presente de modo especial el amor del Dios Creador, ya que fuimos hechos a su imagen y semejanza. Es tal la importancia de la familia, que hasta el Hijo de Dios, al hacerse verdadero hombre, quiso tener una. Por esto, el modelo de familia cristiana aparece en Nazaret, con Jesús, María y José. Ellos enseñan cuáles son los pilares necesarios para edificar un verdadero hogar: sencillez, paciencia, empatía, acompañamiento y la unión que se deriva del amor fraterno.

 

El Congreso Internacional “Pastoral Juvenil y Familia” se celebró en Madrid, entre el 27 de noviembre y el 1º de diciembre de 2017, tras una serie de etapas preparatorias en las que se expusieron las realidades de las distintas inspectorías salesianas. El evento contó con la presencia de 400 participantes, laicos y religiosos, procedentes de los 132 países con presencia salesiana en el mundo.

 

Los objetivos del Congreso contemplaron tres contenidos específicos, expuestos por Monseñor Bruno Forte, P. Fabio Attard (SDB), P. Rossano Sala (SDB) y la Dra. Carmen Peña García durante esos días:

 

  1. Una lectura propositiva sobre la familia hoy en día: a partir de la actual experiencia de la Congregación Salesiana.
  2. Una lectura eclesial y espiritual de la familia: a la luz de la trayectoria sinodal de la Iglesia, y de la Exhortación Apostólica «Amoris Laetitia».
  3. Una lectura educativo-pastoral salesiana: desde el Proyecto Educativo-Pastoral Salesiano.

 

“El camino de la Congregación Salesiana” fue el documento que permitió a los participantes posicionarse, conocer la situación actual de la Congregación y mirar hacia el futuro para trazar un plan de acción que responda concretamente a las cuestiones planteadas.

Propuesto por el Doctor en Teología Moral y Consejero General para la Pastoral Juvenil de los Salesianos de Don Bosco, P. Fabio Attard, constituyó un punto clave del Congreso, y puede hoy ayudarnos en la reflexión en torno a este día.

 

El texto, en su inicio, señala que el “binomio Pastoral Juvenil y Familia (…) está en el centro de nuestro carisma salesiano”. Esta afirmación encuentra su justificación en el artículo 47 de nuestras constituciones y el artículo 5 de los Reglamentos, en cuyas líneas se destaca que la obra educativo-pastoral de Don Bosco integra en clima de familia a todos los que forman parte de ella, y que los salesianos deben ser animadores (dar vida) en este proyecto que tiene por fin el sentirnos familia.

Luego de hacer una breve recorrida histórica, la ponencia del P. Attard sugiere que, como toda familia, los salesianos nos enfrentamos a retos, que tienen que ver con los puntos más tensos de la realidad actual.

 

En este sentido, “se menciona una cierta distancia entre la familia y nuestros ambientes”, una afirmación que motiva la reflexión y se constituye en oportunidad para que, a partir de un acercamiento de las obras al grupo familiar, éste pueda verse mucho más beneficiado.

Sin embargo, cuando nos referimos a un “beneficio”, no hablamos de una relación de “oferta y demanda” o de “proveedor y consumidor”. Por el contrario, desde las casas salesianas se pretende reforzar la disponibilidad: “estar más presentes y abiertos” a las necesidades de los padres que acompañan a nuestros jóvenes en la búsqueda de espacios de pertenencia.

 


“Debemos tener la valentía de verificar si somos nosotros los alejados de la familia, y no viceversa”.


 

En la misma línea, la palabra acompañamiento aparece con fuerza, y es que será éste uno de los pilares del Aguinaldo 2018 (el lema que motiva el presente año). El espíritu de familia se presenta aquí como una experiencia valiosa que implica la relación “con todos, sin distinción, sin prejuicios”.

Acompañar es acoger, compadecerse (padecer-con, sentir lo mismo, ponerse en el lugar del que sufre). Y es sumergirse en un nuevo mundo. Salir del yo hacia el encuentro con el otro. Significa el reto de “reconocer que la configuración de los modelos familiares está cambiando y con este cambio debe seguir también un cambio del modo como comunicamos nuestra pastoral”.

 


«Acompañar a las personas y sus historias nos pide explorar nuevas fronteras con nuevos lenguajes.»


 

Pero para poder entender la necesidad de mirar de una manera nueva, debemos ser conscientes de la realidad actual: un pluralismo cultural, religioso, social, étnico y sexual, cambios en la estructura familiar, varios modelos de familia y la creciente participación de la mujer en procesos pastorales y sociales de todo tipo, configuran el nuevo escenario sobre el que estamos llamados a actuar. Y esa acción debe, necesariamente, ser reflejo del amor de Dios, que acoge, que mira con ternura y afecto, que no excluye, que toma lo mejor de cada uno y se concentra en ello, y que no tiene en cuenta las equivocaciones, porque entiende que de eso se trata la vida. De eso se trata el ser familia: de caminar juntos.