Diario de voluntariado – episodio 2

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Hace varias semanas que vengo muy amiga con dos hermanos, uno tiene 16 y el otro 12. Son muy especiales, cada uno con su chispa, y cada día es buscarle una vuelta de rosca para que se prendan a las tareas, sobre todo con el mayor.

Vengo caminando de la mano de Don Bosco hace 4 años aproximadamente, por medio de mi grupo Proyecto Universitario Misionero (PUM), es decir, tengo el corazón misionero. 

Me llamo Gimena, tengo 26 años y soy del interior de Formosa. Actualmente vivo en la capital.

Estoy realizando la experiencia de Voluntariado Juvenil Salesiano en el Hogar Don Bosco, un regalo de él que sabía que necesitaba.

Sabe de su hija inquieta, entonces me dio la oportunidad de “ser útil a mi gente”, como decía Ceferino.

 

Siento que es una experiencia que me nutre muchísimo el corazón. Y además es algo nuevo, ya que con mi grupo misionamos en una comunidad originaria, que nos regaló muchos oratorios pero de otras maneras. Entonces es doble mi aprendizaje.

El espacio de apoyo escolar surgió a raíz de que muchos chicos no cuentan con los espacios ni medios para realizar sus tareas, varios se habían atrasado desde que comenzó la cuarentena. Los profes y los salesianos nos llamaron para dar una mano.

Al principio fue todo un desafío por todos los pensamientos previos. Que si no te acordás la división de dos cifras, que con esta materia me animo, con esta no sé y así. Pero realmente desde el primer día fue todo lo contrario. Me di cuenta de que eso no importaba tanto, sino que el chico que está sentado ahí sepa que vos lo querés ayudar; que te otorgue eso que cuesta mucho que es la confianza.

Que sienta que estás para acompañarlo y ESCUCHARLO.

Hace varias semanas que vengo muy amiga con dos hermanos. Uno tiene 16 y el otro 12 años; son muy especiales, cada uno con su chispa. Y cada día es buscarle una vuelta de rosca para que se prendan a las tareas, sobre todo con el mayor.

Además de que nos vamos descubriendo nuestras realidades, ellos me van dando su confianza en cada encuentro. Al más chico lo siento como un hermanito. Un día nos tocó preparar una maqueta, para lo cual él tenía que llevar algunos materiales y yo otros. El día llegó y él me estaba esperando super entusiasmado por arrancar con esa gran maqueta de la que luego todos fueron espectadores. Mientras la hacíamos charlábamos un poco de todo, ese día los dos disfrutamos mucho, yo recordé viejos tiempos y el aprendió en una clase diferente. Hasta pensaba que quizás nosotros somos uno más de los que aparecen en sus vidas, pero no es así… siempre que trates con amor, alegría y respeto, el otro no se olvida jamás.

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Cada martes y jueves que me toca ir, admiro mucho el potencial que tienen, su esfuerzo por superarse el día a día y remarla con sus luchas de la mejor manera. Me propongo a mí misma hacerles creer que somos hijos de un soñador y que podemos soñar en grande, que solo falta ese empujoncito para que confíen en sí mismos.

El hogar me permite sentirme en el patio, me deja seguir en el oratorio, me regala risas y mucho amor, me lleva a repetirme una frase que tengo pegada en mi termo:

Nos quedaremos con vos Don Bosco mientras nos quede aliento.

Gimena  – voluntariado local.

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