Diario de voluntariado – episodio 1

Al principio había vergüenza o desconfianza. Me preguntaban: “¿Profe de qué sos vos?”, y a mí me salía responder: “De la materia que tengas tarea nomás”.

Me llamo Iván Peñalva, tengo 25 años y estudio abogacía. Soy parte de la Familia Salesiana de Formosa desde hace casi 3 años. Integro el grupo Proyecto Universitario Misionero (PUM), que es parte del MJS.

Hace unos meses nos llegó la propuesta de asistir al Hogar Don Bosco. Allí los chicos desayunan, hacen sus tareas y se van poniendo al día con lo dado en las clases.

Es un ambiente educativo ameno, alegre, donde aparte de estudiar, los jóvenes son escuchados, acompañados y queridos.

Los voluntarios trabajamos en conjunto con los profesionales del Hogar, tratando de hacerlo desde la libertad y creatividad, como nos enseñó nuestro papá Don Bosco. Nuestra tarea consiste en brindar apoyo escolar a chicos que presentan dificultades para llevar a cabo las clases virtuales por distintos motivos (falta de computadoras o de internet, por ejemplo).

Fue un regalo de Dios en estos tiempos de pandemia, una alegría enorme poder volver a estar con chicos después de tanto tiempo, ahora desde el ámbito educativo “formal”, en el que nunca me había tocado estar.

De este Voluntariado Juvenil Salesiano me quedo con muchas cosas, entre ellas, con las miradas de los chicos, las del primer día y las de la actualidad.

Al principio había vergüenza o desconfianza, me preguntaban: “¿Profe de qué sos vos?”, y a mí me salía responder: “De la materia que tengas tarea nomás”. Y así, poco a poco, fuimos avanzando, fuimos conociéndonos, aprendiendo juntos (porque muchas veces tenía que volver a estudiar cosas que ya no recordaba). Entre chistes, momentitos de distención, de escucha y acompañamiento fueron creándose lazos de amistad.

Esas miradas cabizbajas que había al principio, esas respuestas cortitas a alguna pregunta personal ya no existen, ahora las miradas son de alegría, los saludos son cálidos y las respuestas a cualquier pregunta tienen que ir acompañadas de un “bueno, vamos a seguir charlando después, ahora hagamos la tarea”.

Es inevitable pensar en lo que decía Don Bosco: “No basta con amar a los jóvenes, es preciso que se sientan amados”. Cuando ofrecés tu tiempo, tus ganas, ellos te retribuyen con su confianza, con su amor, con su alegría y su responsabilidad.

Esta experiencia es hermosa, es un espacio único que, como animador salesiano, me ayuda a seguir formándome y aprendiendo para poder darme más y mejor a los demás.

¡Viva Jesús, Mamá María y Don Bosco!

Iván Peñalva – voluntariado local.

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