¿Qué le pasó por la cabeza al buen samaritano para detener su marcha y ayudar a una persona herida?

Este 11 de febrero celebramos  la XXXIV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO auspiciada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI). En este día leemos con atención el Mensaje del Papa León cuyo tema es “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”.

Las palabras del Papa nos acompañan y nos hacen pensar en la persona del buen samaritano. La descripción hermenéutica que hace el Papa Francisco en Fratelli tutti es de antología como también lo recuerda el Papa León.

Una vez más nos interpela la acción concreta que hizo el buen samaritano: detener su marcha, bajar del caballo, arrodillarse frente al sufrimiento, abrir sus alforjas para brindar los primeros auxilios, tocar el cuerpo golpeado, herido, ensangrentado, humillado por dentro y por fuera, porque sufrir un robo es humillante, pues te llevan algo propio, algo de tu intimidad. Ante esa escena de violencia, aparece la tranquilidad y el tino del buen samaritano. Aparece la compasión. Gastar el vino para curar las heridas, cargar al enfermo en la montura, llevarlo a la posada, meter la mano en el bolsillo y dejarle un dinero al posadero para que no le falte nada hasta su vuelta. Si, porque el buen samaritano vuelve, regresa, no se olvida de la necesidad de esa persona.

Seguiremos rumiando la Palabra, la parábola de Jesús y seguiremos descubriendo “buenos samaritanos” de cuerpo entero, de carne y hueso en todos nuestros ambientes.

Recordemos a uno de ellos: el Hno. Artémides Zatti, salesiano de Don Bosco. El P. Juan Vecchi (pariente de San Artémides) escribe así recordándolo en los días de su beatificación, en el año 2002 (ACG 376):

3.5. Buen samaritano a tiempo pleno.

En Viedma, Artémides Zatti volvió a encontrar la salud y encontró su misión en el cuidado de los enfermos; de enfermo pasó a ser enfermero, y la enfermedad de los demás llegó a ser su apostolado, su misión. Se dedicó a ella a tiempo pleno y con la radicalidad del da mihi animas, ampliando constantemente su acción […]

  El hospital y las casas de los pobres, visitados noche y día yendo en una bicicleta, considerada ahora como elemento histórico de la ciudad de Viedma, fueron el horizonte de su misión. Vivió la entrega total de sí a Dios y la consagración de todas sus fuerzas al bien del prójimo, primeramente como válido y generoso colaborador del P. Garrone […]

 El P. Vecchi lo llama el “Buen samaritano al estilo de Don Bosco”.

Aquí tenemos motivos para celebrar esta sentida jornada de los enfermos, principalmente con nuestra presencia, estar con ellos, amando llevando el dolor del otro.

Con la colaboración del Hno. José Sobrero sdb.