Alfabetizar para permanecer humanos

Sep 8, 2026

En este Día de la Alfabetización, Magnifica Humanitas nos invita a ampliar la mirada: alfabetizar no es solamente enseñar a leer y escribir. Es también ayudar a las personas a leer el mundo, comprenderlo, interpretarlo y transformarlo.

En una época atravesada por la inteligencia artificial, la abundancia de información y la velocidad de los cambios, el desafío educativo ya no consiste únicamente en acceder al conocimiento, sino en aprender a discernir qué hacemos con aquello que sabemos. La encíclica nos recuerda que podemos “saber muchas cosas” y, al mismo tiempo, perder la capacidad de preguntarnos por su sentido. Por eso reivindica el tiempo para leer, pensar, analizar y escuchar.

Desde esta perspectiva, alfabetizar es también educar para la libertad: formar sujetos capaces de no ser simplemente receptores de información, usuarios de tecnologías o consumidores de contenidos, sino personas que puedan pensar críticamente, tomar decisiones responsables y reconocer la dignidad propia y la de los demás.

Celebrar la alfabetización es celebrar una educación que abre puertas, que devuelve la palabra, que permite nombrar la realidad y participar en ella. Es apostar por una escuela que no solamente enseña a leer textos, sino que ayuda a leer la vida, leer al otro y leer los signos de nuestro tiempo.

Como escuelas salesianas este desafío adquiere una particular profundidad. Don Bosco comprendió que educar a los jóvenes significaba mucho más que transmitir conocimientos: implicaba acompañar sus procesos, generar confianza, abrir oportunidades y ayudarlos a descubrir que tienen un lugar y una misión en el mundo.

En medio de tanta información, seguir formando personas capaces de comprender, discernir, dialogar y construir juntos. Porque alfabetizar, en definitiva, es también una manera de custodiar lo humano.

Sector Centros Educativos

 

La visita del Papa a nuestro país nos llena de expectativa y renueva las ganas de ponernos en movimiento. En este tiempo de preparación y espera, sus palabras cobran una vigencia especial para interpelar el presente y encender los corazones de nuestras comunidades y juventudes.

Tiempo atrás, dirigiéndose a los jóvenes, el Santo Padre dejaba unas palabras contundente a las nuevas generaciones: “No tengan miedo, sean brotes de paz allí donde crece la semilla del odio y el resentimiento; sean tejedores de unidad allí donde prevalecen la polarización y la enemistad; sean la voz de quienes no tienen voz para pedir justicia y dignidad; sean luz y sal allí donde se está apagando la llama de la fe y el gusto por la vida. No desistan si alguien no los entiende”.

De cara a su llegada a la Argentina, este llamado a ser “brotes de paz” encuentra un cauce natural en el carisma salesiano que se traduce en la amorevolezza: esa cercanía y amor concreto que los jóvenes necesitan sentir y percibir. En nuestros patios, escuelas y oratorios aprendemos cotidianamente que el otro jamás es un extraño ni un enemigo, sino un hermano. Redescubrir la fraternidad es la manera concreta con la que, desde las enseñanzas de Don Bosco, respondemos a su invitación para devolverle al mundo la alegría y la dignidad.

Ante esta visita que se acerca, la propuesta ya está en marcha: ¿En qué lugar, desde lo cotidiano, podés ser brote de paz?