En este Día de la Alfabetización, Magnifica Humanitas nos invita a ampliar la mirada: alfabetizar no es solamente enseñar a leer y escribir. Es también ayudar a las personas a leer el mundo, comprenderlo, interpretarlo y transformarlo.
En una época atravesada por la inteligencia artificial, la abundancia de información y la velocidad de los cambios, el desafío educativo ya no consiste únicamente en acceder al conocimiento, sino en aprender a discernir qué hacemos con aquello que sabemos. La encíclica nos recuerda que podemos “saber muchas cosas” y, al mismo tiempo, perder la capacidad de preguntarnos por su sentido. Por eso reivindica el tiempo para leer, pensar, analizar y escuchar.
Desde esta perspectiva, alfabetizar es también educar para la libertad: formar sujetos capaces de no ser simplemente receptores de información, usuarios de tecnologías o consumidores de contenidos, sino personas que puedan pensar críticamente, tomar decisiones responsables y reconocer la dignidad propia y la de los demás.
Celebrar la alfabetización es celebrar una educación que abre puertas, que devuelve la palabra, que permite nombrar la realidad y participar en ella. Es apostar por una escuela que no solamente enseña a leer textos, sino que ayuda a leer la vida, leer al otro y leer los signos de nuestro tiempo.
Como escuelas salesianas este desafío adquiere una particular profundidad. Don Bosco comprendió que educar a los jóvenes significaba mucho más que transmitir conocimientos: implicaba acompañar sus procesos, generar confianza, abrir oportunidades y ayudarlos a descubrir que tienen un lugar y una misión en el mundo.
En medio de tanta información, seguir formando personas capaces de comprender, discernir, dialogar y construir juntos. Porque alfabetizar, en definitiva, es también una manera de custodiar lo humano.
Sector Centros Educativos