Del 21 al 31 de enero, se vivió una nueva edición del Oratorio en Misión (OEM). La propuesta se llevó adelante en cinco barrios y reunió a más de 100 animadores y más de 400 niños, niñas y jóvenes. 

El OEM combinó 2 días de formación para animadores con 6 días de misión y oratorio en los barrios. También hubo espacios que ayudaron a fortalecer el espíritu de familia y el sentido de pertenencia: formación para animadores, el oratorio para animadores todas las noches, un oratorio central con todas las comunidades, el oratorio nocturno y la fiesta de Don Bosco.

Nada de esto hubiera sido posible sin el acompañamiento y el apoyo de las comunidades, junto con la colaboración de los grupos de la Familia Salesiana, especialmente Salesianos Cooperadores y ADMA.

Malena, animadora, compartió qué fue lo más significativo de la experiencia para ella: “Volver al barrio, ver a cada niño con una mirada llena de historia y una sonrisa que se provoca con cosas sencillas, no tiene precio.”

Al recordar lo vivido, Malena también señaló que la misión se sostiene en vínculos concretos y en una entrega compartida: “Ver a todos entregarse con tanta generosidad me recordó por qué dije “sí” a esta misión y me ayudó a dejar mis miedos de lado para confiar plenamente en lo que Dios estaba haciendo.”

En esa misma clave, subrayó que lo vivido le permitió reconocer la presencia de Dios en gestos simples y cotidianos: “En el Oratorio en Misión entendí que el amor de Dios no siempre se encuentra en cosas grandes, sino en abrazos sinceros, en risas simples y en un corazón dispuesto a decir ‘sí’.” Y al cierre de los días compartidos expresó: “Me voy con el corazón lleno, sabiendo que no fui yo quien dio, sino que recibí mucho más de lo que imaginé. Dios volvió a recordarme que servir también es dejarse amar.”

Por su parte, Rodrigo, uno de los coordinadores del OEM, compartió su anhelo: “Hoy mi deseo más profundo es que nada de lo vivido quede encerrado en estos cinco días de oratorio o en los dos días de formación. Que cada animador pueda dar una respuesta concreta a lo que sintió, que pueda llevar a Don Bosco, a Cristo, a Dios y al espíritu salesiano a su vida cotidiana. Que esta experiencia no sea un recuerdo lindo, sino un envío.”

Con gratitud por el servicio de tantos animadores y por el acompañamiento de las comunidades, rezamos para que lo vivido siga dando fruto y se traduzca en gestos concretos en la vida cotidiana, sosteniendo el compromiso de acompañar a los chicos, chicas y jóvenes allí donde están.