Tras las huellas del maestro

Oct 6, 2016

El pasado 30 de septiembre se realizó en Buenos Aires la cuadragésima entrega de la distinción Divino Maestro, premio instituido por el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) y que este año tuvo como galardonados al P. Salvador Carlos Moreno y al P. Eduardo Giorda. Compartimos sus testimonios.

Cuando me anunciaron el inesperado REGALO de la distinción, tuve que aceptar, aun sabiendo que no iba ser gratuito…
Enseguida me puse manos a la obra: foto carnet sonriente, reserva de pasajes y de alojamiento, rescate en el baúl del traje azul adquirido hace 30 años en una liquidación por incendio, ropa verano-invierno, espantar en el cántaro de mi memoria los hechos, personas y proyectos negativos de estos 75 años. Así los buenos recuerdos surgieron a raudales y ayudaron a que se aceleraran las palpitaciones de mi corazón y la alegría en mi rostro. Así casi sin darme cuenta llegó el día anunciado. En la previa me esforcé por llegar puntualmente a la Eucaristía de acción de gracias que celebramos fervorosamente. Luego casi sin tener noción del tiempo y del espacio subí al escenario. Yo seguía rebobinando recuerdos y sentimientos. Cantamos el himno nacional y el locutor oficial fue llamando uno a uno a los 42 “distinguidos” presentes enumerando sus benemerencias… Cuando sentí mi Nombre y Apellido me dirigí al proscenio encandilado por los reflectores y la emoción y recibí la estatuilla de Jesús divino maestro. Me invadió la felicidad y un gran sentido de gratitud a Dios, a la Virgen a Don Bosco, a mis familiares y a mi muy queridos muchachos, chicas y hermanos salesianos que me ayudaron a ser feliz y fiel a mi vocación. Todo en mi decía MSIÓN CUMPLIDA. ..Pero en simultáneo comprendía que la carrera continuaba y que este renovar de mis fuerzas tenía que impulsarme a llegar a la meta: el Paraíso que Don Bosco nos prometió junto con el pan y el trabajo.
El acto concluyó entre fotos, aplausos y abrazos.
Con un pequeño grupo de hermanos fuimos a una pizzería y brindamos y nos auguramos: vivir felices con Don Bosco y los jóvenes más necesitados.

(P. Salvador Moreno)

El 30 de setiembre, convocado para la Distinción Divino Maestro, que se entrega desde hace 1977, me sentía uno entre muchos: uno entre cuarenta y dos, pero luego sumando otros tantos cada año desde hace cuarenta años. ¡Cuántos! Y ¡con qué características cada uno de ellos/as! Religiosos y laicos, en actividad o jubilados, con las huellas y la alegría de haber gastado la vida alumbrando…
Y me preguntaba: ¿qué tengo yo y qué he dado que no haya recibido? Dios siembra en nosotros sus dones y los hace crecer para Su Reino. Soy uno de tantos discípulos del único Maestro. Por eso me siento movido a dar gracias a Dios, a la Iglesia, a la Congregación Salesiana y a mi familia, fuentes de las que recibí todo lo que luego he podido dar.
“Ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ‘Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber’” – nos decía Jesús el domingo pasado.
Gracias a todos ustedes, salesianos, colaboradores y exalumnos, que me alientan a seguir dando. En María y Don Bosco, un abrazo y una bendición.

(P. Eduardo Giorda)

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