Del 21 al 24 de marzo, el Valle de la Inmaculada, Córdoba, fue el escenario de la Experiencia Soñador, un espacio de encuentro y formación que reunió a aproximadamente 60 jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS) de la Zona Centro. Participaron las comunidades de Colonia Vignaud, la Parroquia Don Bosco, San Antonio de Padua, San Ambrosio, Ceferino Namuncurá de Río Tercero y Pío X.

Bajo el lema «Encontrarnos, escuchar, soñar y transformar», la propuesta se estructuró en talleres formativos por la mañana (salesianidad, metodología catequística y pastoral, «Creados para amar» e identidad del animador salesiano)  y «Cajas de herramientas» por la tarde, enfocadas en la animación musical, nuevos patios y manejo de situaciones en el servicio.

El valor de lo comunitario

El clima de oración y celebración permitió poner cada momento en manos de Dios, viviendo con alegría una experiencia que, para muchos, tuvo su mayor riqueza en la construcción de vínculos.

Andrés, del Batallón 59 del MJS de Río Tercero, destacó: «Lo más valioso de la experiencia fueron los lazos formados con personas de otros lugares, movimientos y de edades tan variadas. Haber podido abrir mi corazón a la escucha y el compartir durante 4 días fue muy movilizante».

En la misma línea, Araceli subrayó la dimensión carismática del evento: «Para mi el soñador no tan solo implicó ser una experiencia formativa, fue unión y encuentro con el otro. Un espacio de comodidad, comprensión y lleno de carisma. Llevo en mi aprendizajes llenos de amor y esfuerzo».

Un compromiso al estilo de Don Bosco

La formación recibida y el compartir renovó el compromiso de los jóvenes de educar y acompañar en sus comunidades. Ana, una de las participantes, compartió su vivencia: «La experiencia del Soñador fue muy enriquecedora: aprendí sobre la vida de Don Bosco y sus valores, que nos invitan a transmitir alegría y esperanza a los demás, especialmente a los niños. Como moraleja, me dejó el compromiso de vivir al estilo de Don Bosco, siempre hacerlo todo con y por amor. Sin importar las diferencias o condiciones del mundo».

La experiencia concluyó con un fuerte sentido de envío y gratitud. Anita, de la comunidad de Río Tercero, describió estos días: “fueron cuatro días que llenaron de serenidad mi corazón y capacitaron las fuerzas y el alma para anunciar la buena noticia del amor de Dios».

Con la convicción de que dar y darse es una elección de amor, los jóvenes regresaron a sus patios para seguir soñando junto a quienes más los necesitan.