MISA ESPECIAL DE LOS OBISPOS Y SACERDOTES DE CÓRDOBA, JUNTO AL PUEBLO CRISTIANO, ANTE EL DRAMA DE LA DROGA.

23 de mayo de 2016 – Parroquia “Crucifixión del Señor” (Barrio Mueller)

Homilía del Arzobispo

Queridos hermanos y amigos:

Nos hemos congregado hoy en este lugar para acompañar como presbiterio y como comunidad arquidiocesana a la Parroquia “Crucifixión del Señor” y a su pastor, el P. Mariano Oberlin, en un momento muy delicado ya que se han insinuado amenazas para algunas de sus integrantes, madres de hijos afectados por la adicción a las drogas. Nos acompañan miembros de otras iglesias cristianas, de otras tradiciones religiosas y personas solidarias y de buena voluntad. A todos les agradecemos este valioso gesto.

Queremos expresar también nuestra cercanía y nuestro acompañamiento a todos los que sufren el flagelo del tráfico y del consumo de las drogas: a las comunidades de la ciudad y del interior y a innumerables familias concernidas por este drama…

Queremos formular nuestro apoyo a los que trabajan por prevenir este mal, ayudando especialmente a los niños, a los adolescentes y jóvenes a no caer en estas redes malignas y a quienes se esfuerzan por recuperar a los que quieren salir de estas situaciones sumamente dolorosas de las adicciones.

Queremos, por fin, expresar nuestro apremiante pedido a las autoridades públicas para que profundicen las acciones tendientes a combatir eficazmente la expansión de este vil comercio de parte de los mercaderes de la muerte.

Debemos destacar, sin embargo, que este drama no es un problema sólo de las autoridades públicas, de la justicia y de las fuerzas de seguridad. Ciertamente todos ellos tienen una responsabilidad indelegable y de la que no pueden excusarse ni apartarse, pero todos en la sociedad debemos sentirnos concernidos por el problema y debemos procurar hacer cuanto esté a nuestro alcance para enfrentarlo…

Volviendo al problema que nos ocupa, precisamente el de las adicciones, debemos señalar que el futuro de nuestras familias, de nuestras comunidades y en definitiva de nuestra Patria está seriamente comprometido. Nuestros niños, adolescentes y jóvenes afrontan el enorme riesgo de emprender un camino de difícil o casi imposible retorno. No podemos permanecer indiferentes. No es verdad que no se puede hacer nada. Al contrario, todos podemos hacer algo.

Ante todo, no aprobar de ningún modo cualquier tipo de adicción o de propósito de “hacer la prueba para ver cómo es”. No hay droga “blanda” o “de buena calidad”, distinta de la droga “mala” o “dura”. La droga “buena” o “mala” destruye y mata siempre. Así de simple…

También debemos dar razones para vivir y no son sólo con argumentos, sino sobre todo con gestos, más aún, con actitudes permanentes: la acogida cariñosa, especialmente a los niños, adolescentes y jóvenes, la indispensable ternura. No hay que tener miedo a la ternura, nos dice claramente el Papa Francisco. La dedicación del tiempo para escuchar y acompañar a los hijos, a los alumnos, a todos en definitiva. Brindar una educación que comienza por el ejemplo y se afianza por la coherencia entre lo que se dice y se hace.

También promover incansablemente la adquisición de hábitos y virtudes. En este sentido es admirable la obra que realizan distintas instituciones e iniciativas que buscan recuperar a quien ha caído en las adicciones. Hábitos buenos de veracidad: decir siempre la verdad, aunque duela; la bondad permanente, la laboriosidad hasta la fatiga, la solidaridad constante…

Ofrecer posibilidades de recreaciones y diversiones sanas es también una contribución importantísima para prevenir las adicciones. El deporte y otras expresiones culturales pueden ayudar a fortalecer las voluntades y a ofrecer nuevos horizontes de vida. Aquí la inventiva de las comunidades y el decidido apoyo del Estado contribuyen grandemente a la tarea de la prevención.

Señalábamos “ofrecer horizontes de vida” y de esperanza, lo cual implica brindar oportunidades de capacitación para trabajos verdaderamente dignos y adecuadamente remunerados. La iniciativa de diversas organizaciones que trabajan para recuperar a quienes sufren adicciones es encomiable, pero siempre se puede hacer más y mejor y el Estado, las autoridades públicas, no pueden de ninguna manera retirarse o eximirse de estas responsabilidades. Al contrario, como promotoras y cuidadoras del bien común tienen que estar en la vanguardia del apoyo a estas iniciativas y de la generación de otras que están sólo al alcance del Estado y de sus posibilidades.

Todos estamos invitados, más aún, llamados a brindar nuestra colaboración para doblegar este flagelo que provoca tantas lágrimas, tantos sufrimientos y tantas frustraciones; siendo que el plan de Dios es tan distinto…
Por fin, quisiéramos expresar un apremiante llamado a quienes están o favorecen este comercio de muerte. El Papa Benedicto XVI destacó en Brasil, al visitar la “Fazenda da esperanca”, que esas personas tienen una gravísima responsabilidad delante de Dios. Y no hay que olvidar que cada uno debe presentarse ante el tribunal de Dios a dar cuenta de lo obrado… El Papa Francisco, por su parte, en la convocatoria al jubileo de la misericordia exhorta vivamente a que los que están en este negocio, a que se conviertan, a que cambien decididamente de actitud. Con la gracia de Dios y la ayuda de la comunidad la conversión es posible. El crucifijo que está sobre el altar es un obsequio que recibí en una oportunidad de parte un traficante que estaba detenido en la cárcel. Algo expresaba ese gesto. Seguramente un atisbo de conversión que siempre es posible. Lo tengo permanentemente en mi escritorio como un recuerdo vivo de este drama que nos aflige.

Le pedimos insistentemente a la Santísima Virgen que nos proteja y nos ayude… Que Ella nos auxilie, como sólo Ella sabe hacerlo, en esta difícil situación. Que así sea.

+ Carlos José Ñáñez.
Arzobispo de Córdoba – 23 de mayo de 2016

.2) MENSAJE (Agregué algunos subrayados a los del texto original)

Este mensaje fue leído al finalizar la misa presidida por Monseñor Carlos Ñáñez, concelebrada por Monseñor Ricardo Seirutti Obispo auxiliar, el padre Mariano Oberlin párroco de la comunidad y más de 100 sacerdotes de Córdoba, en la parroquia Crucifixión del Señor en barrio Müller de la ciudad capital. Una celebración en la que se rezó en comunidad por el drama y el dolor que provoca el avance del narcotráfico en nuestra gente, en la sociedad.

A la comunidad de Córdoba:

Nos dice Jesús: “Lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (cf. Mt. 25, 40).

El Arzobispo, los obispos auxiliares y los sacerdotes de Córdoba hacemos nuestro el eco de lo que vemos y oímos en el compartir cotidiano de nuestros barrios: las drogas y las adicciones avanzan día a día, las víctimas son cada vez más, el negocio del narcotráfico crece y se expande como una red de muerte. Dejemos de mirar para otro lado: el narcotráfico no es de los pobres en primer lugar. Los principales beneficiados de este negocio no viven en los barrios obreros y humildes de la Provincia, aunque es en estos barrios en los que estalla el drama de una manera clara y notoria. El tratamiento que solemos hacer del tema, suele ser sobre cuestiones secundarias y no esenciales: discutimos sustancias y efectos, pero no las causas que han provocado lo que estamos viviendo. ¡BASTA DE INDIFERENCIA! Negar la realidad que estamos atravesando no es el camino; en cambio, reconocer lo que nos pasa puede ser el inicio de una nueva etapa.

Va creciendo una luz en la oscuridad, que se refleja en la convicción de muchos que trabajan en la prevención y el tratamiento de las adicciones. Aumentan las iniciativas, desde los distintos niveles gubernamentales y de la sociedad civil, que intentan incluir, acoger, y dar respuesta ante el dolor. Esta luz nos compromete a cada uno de los actores sociales a asumir nues-tras responsabilidades y hacernos cargo del servicio que debemos prestar a la sociedad cordobesa. Aceptando la necesidad de responder articuladamente y en red a un problema complejo.

Como discípulos de Jesús, hoy, en Córdoba, escuchamos el grito que brota de las familias que sufren como víctimas de las adicciones. A ellos queremos expresarles nuestra cercanía silenciosa y respetuosa. El dolor que les atraviesa el corazón no tiene palabras, pero es un llamado urgente y apremiante que nos interpela como pastores y nos desafía a seguir buscando juntos, cuerpo a cuerpo, los caminos que abran horizontes de esperanza. Les pedimos perdón por nuestras lentitudes e invitamos a la sociedad en su conjunto a sumarse en la tarea de hacer de este dolor un punto de partida hacia una nueva manera de vivir y de relacionarnos. En el año de la misericordia, los sacerdotes de Córdoba queremos expresar nuestra voluntad de repensar y renovar nuestros ámbitos pastorales desde la fidelidad al Evangelio, de cara a la promoción de la vida, la inclusión y el acompañamiento de los que padecen este sufrimiento. Desde ahí, alentamos y animamos a todos los cordobeses a iniciar un proceso de “compasión misericordiosa” que nos haga CUIDAR Y ACOMPAÑAR LA VIDA de todos, especialmente de los más pequeños y humildes.

Arzobispo, Obispos auxiliares y Sacerdotes de la Arquidiócesis de Córdoba.

23 de Mayo de 2016.

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