El Hermano Javier Abregú inició una experiencia misionera que durará tres años.  El 7 de noviembre partió hacia Tijuana, México, donde acompañará el trabajo que se realiza en torno a las comunidades migrantes que pasan o se asientan en la zona de frontera entre el país latinoamericano y Estados Unidos.


Los primeros días fueron para reconocer el terreno.»Tuve tiempo de ir asentándome, ambientándome», contó . «Tendré que desprenderme un poquito de la vida que tenía en Argentina, que es también todo un trabajo, porque uno extraña. Esperemos que lo pueda llevar adelante con serenidad y paciencia».  Asimismo agradeció a los hermanos que lo recibieron «muy bien, con mucho cariño» y a la comunidad inspectorial de ARN que sostuvo y ayudó a la concreción de este envío misionero.


 Al preguntarle sobre lo que espera de esta experiencia, Javier recuerda: «Con el tiempo aprendí que por ahí llegar con muchas expectativas no es bueno ni tiene mucho sentido, porque no termino de conocer cómo va a ser todo.  La expectativa es tener la capacidad de aprender y de dejarme enriquecer por la afectividad, el trabajo, por los hermanos con los que viva, los jóvenes como parte de la misión, con la gente que llega de otros lados para poder tener una vida mejor… bueno, todas esas realidades que se entrelazan en esa zona tan difícil» .


 Finalmente, el Hno. Javier compartió que vive este tiempo desde la oración constante y la conexión con Dios, lo que vivifica su actividad. «Trataré de dar lo que tengo, lo que me enseñaron ponerlo al servicio para que se aproveche lo mejor posible», expresó .

 

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