Don Bosco Norte Argentina

Con el desafío de vivir la santidad de lo cotidiano haciendo todo por amor, Otto inicia su camino diaconal de mano de sus familiares, amigos y hermanos religiosos.

El 29 de abril hubo fiesta en Concepción del Uruguay y en todo el norte de la Argentina Salesiana. Otto Kalemberg, sdb, recibió la ordenación diaconal de manos de Monseñor Héctor Luis Zordán, obispo de Gualeguaychú. Lo acompañó su familia, sus amigos, varios salesianos hermanos, sacerdotes y formandos y una gran cantidad de adolescentes y jóvenes de la obra de Don Bosco en Entre Ríos.

La acción de gracias se celebró en la casa salesiana Santa Teresita y se transmitió en vivo por Youtube, lo que permitió la participación y acompañamiento de otros miembros de la Familia Salesiana. Pasadas las 20, el coro de la comunidad marcó el inicio de la fiesta, con alegres cantos.

“Felices los misericordiosos”

Las lecturas recordaron aspectos esenciales de la vida salesiana: el modelo de Jesús Buen Pastor y la espiritualidad del optimismo (“estén siempre alegres”). Las bienaventuranzas, que inspiraron el lema elegido para esta ordenación “felices los misericordiosos”, invitaron a convertir el corazón, para hacerlo semejante al de Jesús.

El diaconado es una gracia que se recibe y que permite anunciar el Evangelio, bautizar, asistir al sacerdote en el altar, distribuir la comunión y dar testimonio cristiano con obras en la comunidad.

“Ese servicio ‘hasta dar la vida’ del resucitado, se prolonga a lo largo de la historia de la Iglesia que se entiende a sí misma como servidora de la humanidad”, le dijo Monseñor Zordán a Otto. ” Y en el seno de la Iglesia se realiza a través de algunos hombres y jóvenes que reciben el sacramento del orden sagrado en primer grado para encarnar la diaconía de Jesñus hoy y aquí. Son aquellos a quienes llamamos diáconos y cuya misión es ser colaboradores en la única misión evangelizadora de la Iglesia. Y con su tarea específica, servir al pueblo de Dios en la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad“.

Al finalizar la Eucaristía, hubo aplausos, abrazos y agradecimientos. El nuevo diácono valoró el acompañamiento de los presentes y pidió la gracia de un corazón misericordioso, “que se compadece por los demás”. 

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