Don Bosco Norte Argentina

El 26 de septiembre es la fecha propuesta por la Iglesia para celebrar la jornada Mundial del Migrante y del Refugiado del 2021. El tema elegido este año por el Papa Francisco es Hacia un “nosotros” cada vez más grande.
Es una jornada que busca expresar la preocupación por las personas vulnerables en movimiento; para rezar por ellos y sensibilizar sobre las oportunidades que ofrecen las migraciones. Como Iglesia, tenemos un amplio frente pastoral migratorio, por eso hoy, queremos acercarte la propuesta del Servicio Jesuita a Migrantes desde una entrevista realizada a su encargada.
“En algún momento de nuestras vidas somos migrantes y en algún momento vamos a querer sentirnos acogidos”.

Esta es la certeza mencionada al final de la entrevista que le hicimos a Saraí, encargada de la oficina de Córdoba del servicio jesuita a migrantes.

El SJM (Servicio Jesuita a Migrantes) es una ONG perteneciente a los Jesuitas, que busca el acompañamiento a los migrantes que deseen entrar a la Argentina. Promueve la cultura hospitalaria con espacios de encuentro y amistad con los demás y con Dios; y busca incidir en la sociedad para abogar por políticas respetuosas de sus derechos.

Saraí Alviarez (29), es la encargada de esta oficina, desde 2019, un año después de haber llegado desde Venezuela a nuestro país.

– Llegué con mi esposo a Buenos Aires en abril de 2018. Ahí vivía mi hermano, que nos orientó un poco. Al principio experimentamos la sensación de estar a la expectativa de ver qué nos deparaba el destino, siempre tratando de salir de la situación de Venezuela. En ese momento, nuestro país estaba en una situación delicada social y políticamente. Por eso decidimos migrar.

-¿Cómo conociste y te enganchaste con el Servicio Jesuita a Migrantes?

-Antes del comienzo de una misa en la parroquia Sagrada Familia, el “Padre Leo” salió a recibirnos y nos dió un abrazo. Eso fue un punto y aparte en el camino, después del tiempo tan difícil que veníamos viviendo. Después nos dijo que iba a haber una reunión para preparar la fiesta de “el Nazareno de San Pablo”, para la comunidad migrante de los alrededores de la parroquia. Esta es una celebración importante en Venezuela, por eso nos sorprendió y alegró mucho.

La celebración del “Nazareno”, es una devoción Venezolana que tiene como figura a Jesús cargando con la cruz. En 2019, se consultó a fieles venezolanos de la parroquia Sagrada Familia del Barrio Pueyrredón, por la mejor manera de celebrar una Semana Santa en la que se pudieran sentir recibidos. Su propuesta fue celebrar esta fiesta. Así, se hizo una procesión y una misa. A partir de aquí se constituyó una comunidad de personas venezolanas en torno a la parroquia, que se reunía para compartir un almuerzo dos domingos al mes, asistir en sus trámites migratorios a otras personas migrantes y organizar otras fiestas litúrgicas propias de Venezuela.

¿Y cómo siguió todo?
– Ayudamos a preparar la celebración. Ahí conocimos al Padre Javier, otro jesuita que también vivía en la parroquia. A la semana siguiente, él nos volvió a convocar y nos contó sobre la idea de iniciar con el SJM en Córdoba. Siempre digo que fue una bendición de Dios, porque encontramos muchas oportunidades después de eso. Unos meses más tarde, cuando el encargado de la oficina se tenía que trasladar a otro país, se decidió contratar a alguien, y entré yo.

¿Qué es lo que te mueve a sostener esta organización?

En un principio yo encontré en el SJM, una familia. Sentí que se abrió un mundo de posibilidades, lo que me llevó a sentir un hogar. Y desde ahí, el deseo de siempre servirle a Dios me hizo decir: ”bueno es acá”. Mucho del trabajo del SJM es mostrar a Dios sin nombrarlo y que las personas se sientan acompañadas. Como migrante digo que no es fácil estar en una ciudad nueva, pero cuando alguien te abre las puertas, la cosa se hace menos difícil. Ahí es donde puedo ver el rostro de Jesús en el otro, ese otro que en este momento es migrante, y se siente acogido.

¿Qué enseñanzas guardas en el corazón del trabajo que se hace desde la oficina?

– Guardo en el corazón la vulnerabilidad en el rostro de los migrantes, en especial de quienes tuvieron siempre una vida estable y en los últimos años han tenido que migrar y dejar todo. Llevo en el corazón las lágrimas que salen de sus ojos porque sienten que aquí ya no son los mismos. Aprendo cada día a pensar que nosotros podemos ser apoyo para ellos en cuanto a su dignidad.

¿Te has cruzado con muchos jóvenes en este trabajo?

Cerca de un 60% de las personas que nos han solicitado asistencia tienen entre 20 y 40 años. Tenemos una población importante de juventud. Y entre ellas un 70% de familias venezolanas. Esta es la migración más fuerte del momento. pero tuvo diferentes generaciones: hasta hace 3 años, migraban profesionales o estudiantes en busca de una mejor calidad de vida. Pero desde hace dos años, migran familias completas donde siempre hay jóvenes.

– ¿Cómo fue y viene siendo la situación de los migrantes durante la pandemia?

La pandemia ha provocado una crisis que mostró que los marginados de siempre han quedado más al margen aún, y entre ellos, los migrantes y refugiados han sido de los colectivos más afectados: son ellos, por ejemplo, los primeros que han sido despedidos del mundo laboral y fueron arrojados de sus alojamientos.

Antes del comienzo de la cuarentena, un 25% de las personas entrevistadas en una encuesta, tenía un trabajo formal. Transcurrido un mes de la emergencia, más del 70% tuvo una afectación de sus ingresos: el 58% declaró haber dejado de percibir algún salario o ingreso en su totalidad, y el 13% parcialmente (Espacio Agenda Migrante 2020).

Los despidos arbitrarios y el cese del pago de sus salarios, fueron posibles en un marco de informalidad y precarización en el que las personas migrantes ya se encontraban. Quienes más sufrieron las consecuencias de la pandemia fueron las familias cuyas economías ya se encontraban precarizadas, o se realizaban en el mercado laboral informal. No solo perdieron su trabajo y fuentes de ingreso sino que no recibieron ninguna contraprestación por despido, ni fueron incluidas en los mecanismos de protección social de emergencia. En el fondo, se trata de un círculo vicioso de desprotección y vulnerabilización: la inserción de personas migrantes en circuitos laborales informales es la opción a la que son compelidas cuando no pueden acceder a la regularización migratoria .

Dado que la tramitación del DNI, se realiza en buena medida a través de plataformas digitales, no es un dato menor que un 23% no tuviese acceso a internet desde su vivienda, y un 21% no tuviese una computadora (Espacio Agenda Migrante 2020).

– Las barreras de acceso a la regularización migratoria representa también dificultades para acceder a una vivienda digna. Al mismo tiempo, estar en un empleo no registrado, donde la explotación laboral esté amparada por la informalidad, se expresa en mayores dificultades para cubrir los recaudos económicos y administrativos (recibos de sueldo) de un alquiler formal (con contrato), o siquiera para cubrir el pago de un alquiler cualquiera.

– En síntesis, la confluencia de todos estos factores generalizó una situación de emergencia para amplios sectores de poblaciones migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo. Todo este entramado de desprotección configuró el escenario en el que se dio nuestro trabajo durante casi todo 2020.

– Si queremos colaborar con el movimiento ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Cuáles son los canales de difusión de información? ¿Dónde podemos encontrarlos?

– Estamos en Barrio Pueyrredón, en la calle Buchardo 1757. Todos los miércoles y jueves a la tarde con atención y recepción de donaciones o voluntarios. El número es 3518015040. Al contactarse con este número se puede completar un formulario y uno de los voluntarios se comunica con el solicitante.
– Los martes atendemos en el centro Manresa (Obispo Trejo 219) de 16hs a 18.30hs.
– Recibimos donaciones de alimentos (de todo tipo). También ropa, frazadas, y muebles.

@sjmargentina (Instagram) #NosMueveLaEsperanza
www.sjm.org

Por: Pablo Ajalla


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