Don Bosco Norte Argentina

El Hermano Julián Arroyo fue consagrado para siempre como salesiano coadjutor el sábado 20 de marzo de 2021. La celebración tuvo lugar en la Capilla María Auxiliadora de la Ciudad de Salta y fue presidida por el padre Inspector de Argentina Norte, Horacio Barbieri SDB.

La comunidad Ángel Zerda de Salta acompañó la consagración del hermano Julián Arroyo, quien realizó sus votos perpetuos en esa ciudad el 20 de marzo de 2021. La Eucaristía contó con la presencia de familiares y amigos y además se transmitió en vivo por YouTube, a fin de que puedan participar también otras personas de manera remota. El P. Horacio Barbieri, Inspector de Argentina Norte, presidió la acción de gracias. Con alegría, agradeció el poder compartir este paso vocacional del Hno. Julián y durante la homilía reflexionó en torno al Evangelio y a la vida consagrada.

 

Permanecer en su amor

Se trata de una respuesta -dice el padre Inspector- a otro amor que ha tomado la iniciativa. Para las constituciones salesianas, “esto que hoy hace Julián es un encuentro de amor entre el Señor que llama y el discípulo que responde”.

Servidor de Jesús para siempre

La misma vocación salesiana puede ser vivida corresponsablemente desde distintos carismas, pero Julián elige vivirla desde la vida consagrada, en esta modalidad específica del salesiano coadjutor. Es una respuesta de amor a la elección que Jesús hizo de su persona. El regalo de la vocación salesiana consagrada es una manifestación del amor del señor en su vida. No somos nosotros los que elegimos a Jesús, es él quien nos elige primero y nos envía.

La respuesta del discípulo

Se inicia cuando se empieza a comprender y a gustar el amor de Jesús en la propia vida. Poco a poco se va transitando el camino, tomando pequeñas opciones… hasta llegar a este momento de libertad y de lucidez en el que Julián desea hacer con el Señor esta alianza de amor.

Frutos de amor y vida cristiana

Permanecer en el amor de Jesús es también dar frutos abundantes de amor y de vida cristiana. La fuente de la espiritualidad salesiana es el corazón de Jesús buen pastor, que dio su vida por las ovejas. Se esperan frutos auténticos que maduren en la perseverancia una vida entregada aún en medio de las dificultades y de los límites de nuestras propias personas. 

No hacemos la profesión religiosa salesiana porque seamos mejores, simplemente porque estamos llamados y respondemos también desde nuestras limitaciones, sabiendo que encontraremos en el camino muchas dificultades. Pero será una poda en la gracia del Señor para dar mejor fruto.

El Hermano Julián, ya consagrado plenamente a Dios en el servicio a los jóvenes más pobres, dirigió unas palabras a los presentes:

“Elegí como lema para este paso que el Señor me invita a dar: ‘Hemos creído en el amor’. Ha sido esa la experiencia que he hecho en este tiempo, de descubrir cuánto me ama Dios y de qué manera está presente en mi vida, a través de tantas personas y de tantas situaciones. Le agradezco por mi familia, por mis hermanos salesianos y por todos ustedes, que de alguna manera me han hecho sentir su cariño. Me gustaría pedirles que pudieran rezar por mí para que yo pueda dar a conocer el amor que Dios nos tiene y que yo también pueda decirles a los demás ‘He creído en el Amor’.”


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