Don Bosco Norte Argentina

La experiencia de la cruz de Jesús nos presenta el dolor y la muerte como consecuencia de su práctica y su modo de vida que molestaba a varios. Nos invita a la reflexión y aunque está cargada de sentido, en general suele contemplarse desde el silencio, desde la “no Palabra”. Es el silenciamiento y el abajamiento más grande que puede hacer Dios, la misma muerte del Hijo de Dios, difícil de comprender y asumirlo amigablemente.

En el acontecimiento de la Cruz, Jesús pronunció siete frases que nos pueden acompañar en estos días de camino cuaresmal a hacer que nuestra vida valga la pena y tenga más sentido.  

5. “Tengo sed.” (Jn. 19,30)

Jesús, dijo esas palabras por su sed física, aunque también esas palabras son eco del grito de tantos crucificados, maltratados, postergados y sin oportunidades de dignificar sus vidas que también hoy tienen sed. 

Sed, necesidad, ausencia. De los que aman, perdonan y ayudan. Marginados, débiles, pobres y olvidados. Excluidos por las consecuencias de adicciones, angustiados, deprimidos y enfermos. Sed que pretendemos apagar con una esponja con vinagre, vinagre del materialismo, del consumismo, de la indiferencia y quietud que protege nuestro espacio de confort.

El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió su “inspiración,” su “llamada dentro de la llamada”. Estando en la estación de Calcuta, a la espera del tren, vio a un pobre hombre harapiento que se le acercó diciéndole: “Tengo sed”. En él vio representado a Cristo… Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz”, Jesús le suplicó. “No puedo ir solo”. Le reveló su dolor por el olvido de los pobres. 

 

¿Qué sucedió en aquel viaje para que, esta religiosa de 36 años, cambiara radicalmente de vida, pasando de ser una monja dedicada a la educación a entregarse por completo a la atención de los más pobres entre los pobres?

 Teresa, tomó en serio el “Tengo sed” de Jesús en la cruz y caló hondo en su vida, siendo consecuente con esa aparente visión que tuvo y que guardó en silencio muchos años.

Para mirarte y mirarnos

  • La pobreza y la exclusión de muchos hermanos en la sociedad parece que llegó para quedarse… sin propósitos “mesiánicos” ni de “superhéroes” ¿Qué estás dispuesto a hacer por tus hermanos más necesitados y excluidos? Quizás te puede ayudar elegir una “buena acción” en concreto. ¿Te animas a elegir una o dos?
  • La exposición de Jesús en la cruz, al sol, casi deshidratado, probablemente lo estaba volviendo inconsciente. Tiene mucha sed, lo dice buscando retomar un poco de fuerza… ¿Hacemos memoria de la entrega generosa de Jesús por amor, o ya nos hemos acostumbrado todos los años en Semana Santa el rito que contiene? ¿Estás dispuesto a que el gesto gigante de Jesús en la cruz, renueve tu vida y la de tu comunidad, para amar más a tus hermanos más necesitados?
  • El Evangelio de Juan también dice: “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”. Cuando nos ven en nuestras comunidades, ¿qué te parece que es lo que más nos distingue?
  • Cada vez que celebramos la Eucaristía, hacemos memoria y actualización de Jesús que se entregó por amor en la cruz.  De ese PAN comemos… Una vez que vuelves a casa, ¿te dejas comer como “pan” por tus hermanos más necesitados? ¿Qué tiempo les dedicás en la semana?

Por: P. Javier Bonechi SDB

Categorías: Acompañamiento

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