Más allá de la pobreza o la exclusión, en Latinoamérica existe una realidad más amplia, que abarca múltiples dimensiones y a la vez invisibiliza a millones de personas. 

 

La palabra desigualdad designa un fenómeno multidimensional que debería ocupar a toda la sociedad. Desnaturalizar, visibilizar y poner en diálogo son primeros pasos importantes. Esto es lo que está haciendo Francisco Merino, docente del profesorado en Filosofía del Instituto Pio X, junto a sus alumnos de la cátedra Argentina en el Mundo Contemporáneo.

 

“Considero relevante poder examinar con mis alumnos algunos procesos sociales contemporáneos pensados desde la perspectiva de la desigualdad. Ya sea que hablemos de distribución del ingreso, educación, salud, trabajo o vivienda pensar la desigualdad social, en una de las regiones más desiguales del mundo, es central para comprender la dinámica histórica y presente de América Latina y nuestro país.”

 

¿Qué significa pensar desde la desigualdad?

Instamos a entender la desigualdad como algo más que un proceso unidireccional, respondiendo a tendencias muchas veces contradictorias, ya sea al interior de una misma esfera o en su interrelación. 

Por ejemplo, en lo que respecta a la salud, si bien se observa un aumento considerable de población que dispone de algún tipo de cobertura médica en la Argentina, todavía persisten núcleos de exclusión significativos, como es el caso de los pueblos originarios o las poblaciones rurales, que continúan padeciendo las llamadas “enfermedades de la pobreza”.  

También podemos pensar la relación entre educación y mercado laboral, ya que si bien se puede apreciar una mejora en lo que respecta a la inserción y permanencia en el sistema educativo, sobre todo por parte de jóvenes pertenecientes a sectores populares, aún existe una enorme dificultad para que logren una mayor inclusión en el mercado de trabajo. 

Con esto queremos decir que no hay una tendencia uniforme, homogénea, sino por el contrario, contrapuesta con claroscuros que tornan la desigualdad un fenómeno complejo que merece ser abordado y reflexionado.

 

¿Cómo se mide la pobreza en Argentina desde la mirada multidimensional de la desigualdad? ¿En qué se diferencia de las mediciones del INDEC?

Con los chicos partimos de estudiar la desigualdad intentando “desnaturalizar” el concepto. En este sentido, buscamos diferenciarla de la pobreza y la exclusión social e intentamos comprender su complejidad conceptual y analítica. 

Partir de una mirada multidimensional implica tener en cuenta aspectos que no necesariamente tienen que ver con la distribución del ingreso (tal como el INDEC construye la pobreza a partir de la asignación de un precio a una canasta básica total y alimentaria), o por necesidades básicas insatisfechas (NBI), sino que también supone tomar en consideración aspectos emparentados al acceso a la educación y al sistema de salud, la cobertura médica, acceso y permanencia en el mercado laboral,etc. 

 

Además, una mirada multidimensional sobre la desigualdad debe contemplar aspectos de carácter simbólico como principio reproductor de la misma. En este último sentido, la manera en como determinado tipo de desigualdades son legítimas o invisibilizadas es relevante para pensar el universo simbólico a partir del cual se construyen principios de visión/división del mundo (buenos/malos, pobres/ricos, normales/anormales) que reproducen sentidos comunes de la discriminación.

 

 

¿Cuál es el rol de la juventud ante este panorama?

Considero que el rol de la juventud es central para reflexionar respecto a este tipo de cuestiones. Tratándose de que muchos de los indicadores para los jóvenes, en Argentina y América Latina, duplican y triplican al del promedio general es fundamental que de ellos salgan posibles alternativas para remediar la situación. En este sentido, los números son elocuentes: la pobreza en la Argentina llegó al 40,8%, en 2019, resultando más alarmante para niños y jóvenes menores de 17 años, con casi un 60%. Por otro lado, son los jóvenes de las familias de menores ingresos del país lo que tienen más dificultades para encontrar trabajo formal, en los últimos años. Respecto a la salud, podemos decir que en 2019 la brecha respecto al acceso a cobertura médica entre los jóvenes más ricos y más pobres de nuestro país fue incrementándose: el 65% de los jóvenes de menores ingresos carece de cobertura médica, contra el 7 % de los de mayores ingresos.

 

A estos números, que dan cuenta de una situación de vulnerabilidad social sobre todo de parte de los jóvenes que menos tienen, debemos sumarle una mirada dominante (desde algunos medios de comunicación hegemónicos, el Estado) que reproduce ciertos “estigmas” sobre la población juvenil.

Representada muchas veces como un “problema social” producto de su inactividad o peligrosidad, la dinámica de exclusión y segregación atenta contra una perspectiva de derechos, democrática e igualitaria.

 

 

Por: Carlos Llorens

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