Fidelidad, pertenencia, respeto, comunión y armonía. Este es el legado de Ceferino Namuncurá, el indiecito que se transformó en testimonio de santidad.

 

La vida de Ceferino Namuncurá nos invita a pensar en un Dios que es para todos los pueblos y todas las personas. Nos llama a replantearnos nuestras propias concepciones sobre muchos valores, como el de la identidad.

 

Un año antes de morir, Ceferino expresó en una carta al Padre Augusto Crestanello (el mismísimo confesor de Laurita Vicuña) que desconocía su edad, su fecha de nacimiento y tenía algunas dudas sobre su verdadero nombre. Su identidad estaba en su pueblo, estos datos no eran necesarios para la vida comunitaria mapuche. Recién cuando viajó a la ciudad fue que su padre lo nombró como Ceferino y haciendo algunas investigaciones, pudo dar con la fecha de su natalicio: el 26 de agosto.

 

¿Cuántas cosas más podemos aprender de nuestros pueblos hermanos? El P. Jorge Tournour nos comparte algunos pequeños aprendizajes de su paso por las comunidades del NEA:

 

Decía un aborigen pilagá: “Yo nunca voy a ser rico”.

“¿Por qué?” le han preguntado- “Porque yo vivo en comunidad. Y todo lo que gano lo pongo al servicio de los otros que necesitan más”.

 

 

Los tobas, o pueblo Kom, así como todos los pueblos indígenas, son reconocidos por las “artesanías” (¡verdaderas obras de arte!) que venden. Entre otras cosas están sus famosos canastos.

Cuando uno escucha a las mujeres kom hablar de sus canastos ellas dicen que cuando fueron silenciados por el hombre blanco, el hacer los canastos fue la manera que encontraron para hacer escuchar sus gritos de impotencia.

Los canastos son tejidos con material que ellos sacan del monte. Entonces cuando nosotros los maltratamos y silenciamos, su grito de lucha es un tejido. Su grito es algo tan simple y tan fuerte como un montón de hilos entrelazados que nos hablan de comunión y armonía en la diversidad de colores y texturas.

 

 

En uno de los pueblos originarios hay una palabra que se repite mucho. Es la palabra TIK. Se sabe que en occidente una de las palabras que tiene más uso es la palabra “yo”. Por eso se pensaba que TIK significaría eso mismo. La sorpresa fue que después de averiguaciones y estudios TIK significa “nosotros”.

Por eso al acercarnos a la vida de estos pueblos es importante hacerlo con respeto y con cariño. Sin idealizar, porque ninguna cultura es pura e inmaculada; pero si todas las culturas tienen mucho de rica sabiduría y de aporte para aprender a ser mejores seres humanos.

Son personas de profundos silencios, por su capacidad de contemplación natural de la vida y sus ciclos; personas con una organización social y económica tan distinta a la nuestra por el respeto profundo a la tierra y los dones que recibimos de ella; personas que se saben comunidad; personas que respetan la sabiduría y las canas de los ancianos porque son ellos los que transmiten las enseñanzas de la historia. Personas que se dan tiempo para compartir con su familia y con sus hijos, porque es la familia la que educa, la que enseña de la vida, donde se transmiten sus tradiciones,
donde se corrige a los hijos.

Y personas para los cuales la historia no es en vano. Tienen un registro de todos los acontecimientos que les han tocado vivir y de los cuales intentan aprender, para no caer en los mismos problemas y dificultades en las que se vieron involucrados.

 

Por eso la resistencia hoy también pasa por la educación por la profesionalización. Hay muchos que están incursionando en las universidades y sueñan con ser profesores, abogados, médicos, ingenieros agrónomos, etc, etc… y poder desde esos lugares cuidar y defender sus vidas y derechos.

 

Personalmente agradezco el tiempo en que he podido compartir con estos hermanos y hermanas, poder aprender de ellos, valorar su amistad, su palabra muchas veces tímida y elocuentemente firme al mismo tiempo.

Me vienen a la mente el rostro de Cheetó, un pastor evangélico Qom del interior de Formosa; Luisa, una MEMA de la capital formoseña; Ada y Severiano maestros indígenas de Fontana Chaco; Griselda, del coro Chelalaapí; Félix Díaz y Amanda, su mujer e hijos; Valeriano, líder Mocoví; Amancia y Sixto, lideres y maestros qom y tantos otros, con sus luchas, con sus historias, sus intentos…

Y los rostros tantos otros hermanos criollos que han hecho propia la vida y la lucha de los pueblos indígenas.

A todos muchas gracias desde el corazón.

Ña ́achek (Gracias) y ñachek am Qarta ́a Dios

Colaboración de: P. Jorge Tournour, sdb.

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