Un homenaje a todos los abuelos que son pura vida y alegría; a las abuelas, modelos de fe y de ternura.

La memoria de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, da origen a la celebración de quienes guardan la mirada sabia y fuerte de los años. Este es un escrito lleno de sentimiento, compartido por uno de nuestros animadores para ayudarnos a pensar cuánto podemos agradecer a nuestros abuelos.

 

En este día del abuelo quiero contarles la vida compartida con mi abuelo Antonio. Este buen hombre de 96 años me dio de los más grandes regalos de la vida: mi mamá, un ejemplo de vida maravilloso y mi segundo nombre.

 

Siempre recuerdo con gran cariño cuando éramos niños (íbamos a la escuela a la tarde) y esperábamos los días que nos visitaba en su bici antigua y llenaba de alegría las mañanas. 

 

Durante su larga vida pasó por momentos muy difíciles como la pérdida de su esposa Elsa, pero siempre lo vas a ver con una sonrisa en el rostro y una palabra para alegrarte el día.

 

De él aprendí un modo de vida auténtico, que no importa la vida que te toque, sino la actitud al vivirla. 

 

Trabajador incansable, se dedicó a la albañilería y carpintería hasta los 70 años sin descuidar el amor paternal a su familia, sin quejas, jamás una palabra hiriente, jamás un mal gesto hacia nadie. 

Es este hombre de quien admiro su capacidad de amar, su alegría contagiosa y sus ganas de vivir.

 

Este día agradezco de corazón su vida, su ejemplo y modo de vivir, feliz de compartirles esto me despido.

Matías Antonio Olarte

 

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