Santa María Mazzarello encarna el carisma salesiano y abre la puerta a las mujeres que, en esta clave, buscan a Jesús, camino de santidad.

 

La fiesta de María Dominga “Maín” Mazzarello se celebra cada 13 de mayo, día de su Pascua. Su recuerdo nos habla de dulzura y firmeza, mansedumbre y tenacidad, amorevolezza total.

La santidad de Maín se fue haciendo con el tiempo: descubrir a Dios en lo pequeño, hacer opción de su amor a diario, transmitirlo con las (pocas) palabras y las (muchas) obras, son algunos rasgos distintivos de esta mujer que, con humildad y sencillez, alcanzó la grandeza del Cielo.

 

Cuando hablamos de la fundadora del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, reconocemos a una campesina trabajadora y audaz, que supo mirar las necesidades de las niñas y jóvenes desde el sentido verdadero de la caridad.

No actuó desde el asistencialismo, sino que se ocupó de la formación y la dignidad de cada una de sus chicas. No se resignó ante la falta de oportunidades de la época, sino que trabajó a la par de sacerdotes y laicos para crear alternativas sólidas.

 

 

Su camino de fe firme y decidida le planteó esta pregunta, sin rodeos:

“¿Es que las niñas no tenemos también un alma que salvar, como la tienen los muchachos?

 

Y cuando hubo “cumplido” su tarea, muchos años después planteó:

“Aunque seamos mujeres, nadie debe ponernos el pié encima; lo que es justo es justo”.

 

Miró, aceptó y aprovechó la diversidad. Puso, por sobre todo, la dignidad humana. No tembló su pulso ni su voz cuando tuvo que defender a sus pequeñas. Y por sobre todo, tuvo a la Auxiliadora como maestra de amor materno.

 

Maín, como Don Bosco, complementa muy bien dulzura con firmeza. Bajo el patronazgo de San Francisco de Sales, es la primera Salesiana. Su vida es constante Sistema Preventivo en acción. Su santidad es la alegría de un corazón que ama mucho al Señor.

 

Por: Luciana Caprini

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