Cada 25 de noviembre celebramos la memoria de la madre de Don Bosco y con ella el día de los Salesianos Cooperadores, quienes a ejemplo de Margarita Occhiena entregan su vida al servicio de los jóvenes.

La misión de Don Bosco se inició de la mano de laicos que trabajaron codo a codo con él para levantar, sostener y hacer perdurar el oratorio. La primera colaboración que tuvo Juanito para alcanzar su proyecto de vida y de santidad fue la motivación de su madre.

 

 

Margarita Occhiena, nacida en Capriglio en 1º de abril de 1788, se casó con Francisco Bosco, de quien enviudó a los 29 años. Quedó entonces a cargo de tres niños, Antonio, José y Juan, y su suegra,  Margarita Zucca (65). A sus hijos les enseñó la humildad y el valor del trabajo, la responsabilidad y el sentido de familia. Les mostró la importancia de rezar cada noche, de encomendarse a la Virgen, saludándola con tres Avemarías. Ejemplificó con su propio testimonio, cómo encontrar la felicidad en el dar, en el compartir con otros. Todas estas herramientas las tomaría Juan más tarde, para avanzar en su misión y su proyecto de vida.

 

 



En 1847, Juan Bosco cumplía 6 años como sacerdote y se había instalado en Casa Pinardi. Fue precisamente en este lugar donde el Oratorio comenzó a ser casa de los sin hogar.

 

<< Una noche lloviosa de mayo 1847, después de la cena, Don Bosco y mamá Margarita escucharon tocar a la puerta. Al otro lado había un jovencito de 15 años, todo mojado por la lluvia, huérfano, sin dinero, sin trabajo, hambriento, pidiendo ayuda. Después haberle dado algo de caliente para comer, fue mamá Margarita que le preguntó: “y ahora, a donde iras?”. “No sé”, fue la respuesta. “Por favor, no me boten afuera…no sé a dónde ir”. “Podría tenerte”, dijo mamá Margarita, “pero, ¿quién me garantiza que no me vas a robar las ollas de la cocina?”: solo el mes pasado unos chicos le habían robado cubiertas y paja, así que la sospecha de mamá Margarita era bien comprensible. “No señora: soy pobre, pero no un ladrón”, le contesto el joven. Don Bosco ya había decidido: fue afuera a recoger a algunos ladrillos y tablas de madera para armar un camastro; un poco de paja sacada de su cama y Don Bosco había armado una cama para el joven. “Dormirás aquí, querido. Te quedarás hasta lo necesario. Nadie te va a botar”, dijo Don Bosco. Por el final del año los huérfanos acogidos bajo el techo de Casa Pinardi eran 7. Es así que Don Bosco y Mamá Margarita empezaron a acoger en su casa a los chicos sin cuidado familiar (Teresio Bosco, 2008). >>

 

 

 

Durante diez años, Margarita fue la mamá del Oratorio. Cuidaba y acompañaba a los muchachos, les enseñaba la catequesis y los preparaba para los sacramentos. Cocinaba, limpiaba, ayudaba con las demás tareas de la casa. Era la mano derecha de Don Bosco. Fue la primera y gran comprometida con la misión.

 

Así, cuando San Juan Bosco proyectó su obra, acudió primero a laicos que estuvieran dispuestos a realizar estos servicios. Es ese el origen de los Salesianos Cooperadores, personas comprometidas desde lo cotidiano, desde lo pequeño, desde donde nace la santidad.

 

 

Por eso los festejamos hoy y agradecemos su vida entregada.

¡Feliz día, Cooperadores!

 

Por: Luciana Caprini
Agradecimientos: Myriam Schneider (SSCC, ACO) - Noelia García - (SSCC, ARO) 
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