Por: Gastón Ibáñez y Matías Coronel - Equipo de Comunicación Social ARN

 

Mientras lees esto, te proponemos que pienses y traigas a tu cabeza situaciones gratas vividas con tus amigos: unos mates, una cerveza compartida, una charla repleta de chistes, un simple silencio en algún parque. Son tantas que, ojalá, no recuerdes todas. Hoy tal vez la amistad es muy distinta a la de antes (como antes también lo fue distinta) porque son vínculos en era de redes sociales. Entonces el encuentro en el parque es ahora una charla por WhatsApp hasta entrada la madrugada, una historia en Instagram por tu saludo de cumpleaños, una ‘indirecta’ en Twitter para hacerte saber algo; son nuevos lenguajes de amistad.

 

Podemos caer en el extremo de pensar que la amistad sólo es encuentro personal, lo cual sería desperdiciar las nuevas tecnologías y oportunidades de comunicación; o creer que las pantallas alcanzan y sobran en el vínculo con el otro. Es necesario encontrar un punto en común, un punto donde la red nos encuentre y abarque, pero que no se rompa por el propio peso de ser un montón juntos pero no estar con ninguno.

 

La tecnología y las redes sociales revolucionaron la forma de comunicarse y éstas están transformando la cultura. ¿Acaso también está cambiando aquellos que entendemos por amistad? Bien usadas las redes son formas de vincularse, y viéndolo así la amistad en esencia no ha cambiado, sólo su dinámica.

De todos modos, el encuentro presencial es insustituible.

 

Cuando hablamos de amistad hablamos de una relación de afecto, complicidad, respeto y confianza mutua. Cuando las distancias no lo permiten, las redes sociales nos acercan. Antes encontrábamos las cartas, ahora tenemos a la mano un mensaje de WhatsApp. Puede que la cantidad de contactos virtuales que tenemos a diario reste espacio para el trato cara a cara. Puede que mientras miremos la cantidad se pierda la calidad. Sin embargo, la cuestión no son las redes, sino el uso que hacemos de ellas. De tanto mirar pantallas, podemos comenzar a tener dificultad de mirar a los ojos, algo imprescindible para la amistad.

En el Evangelio de San Juan (15: 13) encontramos la popular frase “No hay amor más grande que el dar la vida por los amigos”. Dar la vida, darse. Dar el tiempo de uno, compartir la cotidianeidad, donde encontramos más que alegrías, tristezas, triunfos y derrotas, encontramos a la otra persona, en su singularidad y complejidad. Al abrir-nos y compartir-nos con el otro, en esos momentos vemos cuando cultivamos la amistad.

 

 



Para reflexionar:

– La amistad es un don precioso que ni siquiera Jesús se quiso privar: “Yo los llamo amigos” (Juan 15: 14) Don Bosco afirmaba el valor de los vínculos sanos entre sus muchachos, considerándose hermanos de un mismo padre. La pregunta es ¿cómo ser amigos en tiempos de redes?

 

 

 

– Hoy el otro ha llegado a representar una amenaza y por eso ponemos distancia. En las redes participamos en conversaciones públicas, le damos “Me Gusta” a algunas publicaciones y a otras las calificamos de forma negativa. Nuestras opiniones se hacen abiertamente públicas. Esto puede ser una fuente de conflicto y crear problemas con los amigos en la vida real, si se producen malentendidos o malinterpretaciones.
¿Sobre qué se apoya nuestra amistad? ¿Estamos abiertos a la diferencia?

 

– Hay personas que se sienten acompañados gracias a sus amigos virtuales, aunque estén muy solas. Esa clase de vínculos tiene entidad, pero hay que tener cuidado de que el mundo virtual no nos haga vivir una vida virtual. ¿He sentido que con la amistad virtual basta?

 


 

Desde Don Bosco Norte les deseamos:

 

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