Educar más y mejor

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En Salta son muchas las necesidades, especialmente cuando se trata de la niñez. Pero existe una casa, la escuela salesiana Ceferino Namuncurá, en donde ellos encuentran una tierra fértil para poder crecer.

 

La vida y obra de Don Bosco nos inspira en pensar una educación integral, contemplando a cada alumno desde sus particularidades y potenciando sus capacidades. No alcanza con aprender fórmulas o saber escribir. Se necesita educación de calidad, guiada por el corazón de Don Bosco, para aumentar la inclusión social y generar más oportunidades.

 

En el 2016 comenzó el proyecto “Educar más y mejor”, con apoyo de la Procura Misionera salesiana Argentina, Don Bosco Mission (Kindermissionwerk), Leben Teilen, Santa Infancia y Fundación Leopold Bachmann. La iniciativa surgida en la Oficina de Proyectos de la Inspectoría “Beato Artémides Zatti” tuvo como eje repensar los espacios que transitan los chicos como lugares donde se juega, aprende y se desarrolla la comunidad.

 

 

Con el proyecto se pudo equipar el salón de usos múltiples, el cual funciona como un cálido lugar de encuentro, que también los padres pueden sentir como propio. Además, se pudo techar el patio y e incorporar desagües -para que los días de lluvia no sean días tristes, y también se pueda salir a jugar-.

 

 

La parte más de colorida de la casa es el patio trasero. Allí funciona una huerta escolar, en donde los chicos aprenden cada día sobre la responsabilidad, la perseverancia y el cuidado de la naturaleza. Muchos de estos conocimientos son trasladados a sus hogares, generando un impacto positivo en la comunidad, y replicando la experiencia en sus familias.

La huerta pudo abordarse desde varias materias, lo que posibilita una conciencia profunda y meditada sobre la problemática del medio ambiente. Como desafío, se está evaluando la incorporación de un termotanque solar a futuro para empezar a pensar el uso de energías renovables.

 

Educar más, pero mejor. Repensando los espacios, como motores del sentido de pertenencia y comunidad. Con la huerta escolar los chicos aprenden no solo a cuidar de los cultivos, sino también a cuidar de los demás y de sí mismos… A internalizar el amor y el respeto por el medio ambiente, pero también por el otro; a ser un semilla que cae en tierra fértil y es capaz de crecer muy alto, si recibe el cuidado que merece.

 

Antonella Mazzitello - OPD

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