El 8 de junio, el padre obispo de La Rioja, Marcelo Colombo, comunicaba la noticia del reconocimiento por parte de la Iglesia del martirio de cuatro cristianos que dieron su vida en esas tierras. Con este paso, el laico y padre de familia Wenceslao Pedernera, el obispo Enrique Angelelli, el sacerdote misionero Gabriel Longueville y el franciscano conventual Carlos de Dios Murias son propuestos para nosotros como testigos de la fe y comienzan el último tramo de un proceso que culminaría en su canonización.

 

Es grande la alegría que sentimos muchos, pero especialmente la porción del pueblo riojano que los reconoció como testigos-mártires desde el momento que fueron asesinados por la dictadura militar hace más de cuarenta años.

 

Amplios sectores de la sociedad creyeron las mentiras que intentaban manchar la imagen de estos hombres. Se pudo hacer justicia y reconocer a los culpables de la muerte de Carlos, Gabriel y Enrique. Todavía falta iniciar el juicio por el asesinato de Wenceslao. El pueblo y su familia seguirán luchando. Pero algo que no se nos podrá quitar es esa intuición de santidad que hoy se expande al mundo entero.

 

En la causa de martirio se aclara que el motivo de la muerte es el “odio a la fe”. ¿Qué aspecto de la fe de estos hombres odiaron sus verdugos? Que sea tan práctica. Hubieran preferido “que se queden en el molde”. Pero no fue así: ellos entregaron sus vidas mucho antes de ser asesinados.

 

El amor a Dios y a sus hermanos lo expresaban en la vivencia de una fe comprometida con la causa del pobre, del débil, del pueblo trabajador explotado.

 

Que esta noticia nos aliente a conocer sus historias y nos anime a seguir creyendo que sí se puede y que, a pesar de todo, “hay que seguir andando nomás”, como decía el obispo Angelelli.

 

Gabriel Osorio, sdb

BOLETIN SALESIANO – JULIO 2018

 

Extraído de: http://www.boletinsalesiano.com.ar

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