Acompañar a Cristo

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“Pascua Joven es un retiro espiritual de alto impacto donde distintos adolescentes que están en los últimos dos años de secundario pasan por cosas fuertes: testimonios, confesiones… experiencias que tratan de que el joven viva una Pascua diferente junto a varios adolescentes que comparten lo mismo. Quizás tengan un mismo estilo de vida, quizás hay algo que no anda bien o que está fallando. Incluso hay otros jóvenes que ya están en un grupo y van para reforzar su fe.”

Mauro Pereyra, 19 años. Acción Católica Tucumán – Coordinador de Pascua Joven 2018


 

La idea de compartir una nueva Pascua se introdujo en Argentina, primero en San Isidro, Buenos Aires. Desde allí se extendió a Morón, Córdoba y La Plata. Sin embargo, el retiro que acontece entre el Miércoles Santo y el Domingo de Pascua, se realiza en distintos países del mundo desde hace años; y en todas partes, la esencia es la misma.

Este 2018, será la cuarta edición del Pascua Joven en Tucumán, la única diócesis del NOA que lo lleva a cabo. Esto es así por la acción de la Pastoral de Juventud, que lo asimiló como una acción pastoral diocesana.

Fue un proceso complejo, según cuentan los mismos organizadores: “un grupo de chicos fue a vivirlo a San Isidro para tomar la experiencia y ver cómo era el movimiento”. La estrategia consistió en ponerse en contacto con los encargados del retiro en la ciudad bonaerense y pedir permiso para poder vivir Pascua Joven desde el área logística, aunque sin implicarse directamente.

Tras numerosas convocatorias y reuniones, la pastoral juvenil tucumana inauguró Pascua Joven en 2015, y asistieron unos 500 chicos. Para la siguiente edición, el número ascendió a 600 participantes. Este año se espera a más de 800 personas, de las cuales habrá unos 600 “pascuantes” destinatarios, 50 organizadores, 55 servidores y 120 coordinadores. Estos últimos, se dividen en parejas mixtas para atender particularmente a cada uno de los 60 grupos de pascuantes.

 

Toda la organización del evento comienza en Septiembre, es decir, aproximadamente 6 meses antes de su realización. Primero se elige a 3 coordinadores generales; este año, ellos son Fernando del Pino, Carlos Terán y Mariel Piñero. Junto al delegado de la pastoral juvenil, quien en este caso es un Salesiano de Don Bosco, P. Guillermo Estavilla, son los primeros integrantes del grupo de 50 organizadores.

Cada año, se mantiene a la mitad de los servidores de la edición anterior, mientras que la otra mitad se renueva. La idea es variar los rostros, mantener la esencia juvenil y abrir las puertas y las posibilidades para todos. Por eso, cuando la invitación para conformar el equipo se hace extensiva a todos los grupos de la diócesis, se aclara que únicamente se puede servir dos veces en Pascua Joven. También se envían otros requisitos, entre los que figura la edad (entre 19 y 25 años), la perseverancia en la fe, ser capaz de dar un verdadero testimonio, una espiritualidad fuerte, alguna experiencia de liderazgo, alegría y fraternidad.

Una vez convocados quienes harán de “anfitriones” de la fiesta, éstos deben conocerse entre sí y formarse, para lo que se reúnen, al menos 5 veces a compartir “mini pascuas” en las que repasan los acontecimientos de la Semana Santa y tratan cuestiones organizativas. Este año, el equipo cuenta con 5 salesianos, pertenecientes a distintos grupos, como los “explos” y Mallín.

 

“Para mí, Pascua Joven fue un antes y un después en mi vida para entender la Semana Santa de un modo juvenil”, dice Mariel, coordinadora general.

“Es un encuentro de Cristo resucitado con el joven de hoy. Para ellos es un finde largo para pasarla bien, pero Pascua Joven significa tener una Semana Santa diferente; es poder entender y experimentar fuertemente el triduo pascual de un modo muy juvenil. Es un espacio en que el joven se encuentra de cara con su realidad, con Jesús y con alguien que pasa por lo mismo que él. Se siente acompañado por uno que está a la par (porque todos somos jóvenes, nadie se para en el plan de ‘sé más que vos’). Se siente la esperanza y la alegría de la Resurrección.”


 

En cuanto al retiro en sí mismo, tiene su inicio el Miércoles Santo en horas de la tarde. Cuando los chicos llegan al campus del Colegio Santa Rosa, en Yerba Buena, ya tienen grupos asignados. “Se trabaja la diversidad”, y es por eso que en los equipos se incluyen distintos grupos de la ciudad de San Miguel, del interior de la provincia y aun de zonas rurales. Este año participarán además siete chicos de Salta, tres de Catamarca, dos de Jujuy, uno de Santiago del Estero y un alemán.

Bajo el lema “Me amó y se entregó por mí”, el jueves es “día de desierto”, de encontrarse con uno mismo y comenzar el camino de conversión. El Viernes Santo, es el día fuerte: en actitud de recogimiento, se reza el Vía Crucis, los jóvenes hacen su examen de conciencia y se comparte el sacramento de la Reconciliación. “Es el punto de inflexión. El sábado se realizan otras actividades y el domingo es la fiesta”. La Misa de Pascua es el cierre, y a la vez la invitación y el envío a testimoniar lo vivido. 

“Me encantaría que todos lo vivieran: 800 jóvenes celebrando a Cristo resucitado en una misa”

 

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