Para vivir Navidad cristiana en familia

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Nota previa: Son muy variadas las actuales realidades familiares. Por eso estas sugerencias están presentadas como una lista, de la cual cada persona y familia puede extraer las que se adapten más a su realidad y posibilidades.

º Las cuatro semanas de Adviento son la principal ayuda que ofrece nuestra Iglesia para vivir con fe el tiempo de Navidad. Por eso es importante que acompañemos su proceso, al menos en la Misa del fin de semana durante este tiempo preparatorio. Mejor si tenemos algún material que contenga las lecturas de cada día. Las podremos leer y meditar personalmente o en familia, al menos los fines de semana. También transmitamos algo de esto a nuestros hijos, sobre todo los más pequeños.

º El color morado del Adviento nos muestra que es “tiempo de limpieza interior”. Por eso esta es una buena ocasión para hacer un balance de la propia vida y enseñar a los menores a hacerlo. El sacramento de la reconciliación (o confesión) adquiere un especial sentido en el correr de estas cuatro semanas de Adviento o ya en tiempo de Navidad (sobre todo si lo hemos tenido un poco olvidado…). Es bueno comenzar el Año Nuevo con el corazón purificado y con algunos propósitos hacia el tiempo nuevo que se inicia. Esto trae novedad a la vida de familia, rompiendo los moldes rígidos de la rutina.

º Otra ayuda fundamental para ir preparando en casa la Navidad es el pesebre. Esta representación proviene de los tiempos de San Francisco de Asís. Para preparar Navidad es más útil que el árbol y otros símbolos, utilizados a veces con finalidad comercial. Tener un buen pesebre en casa no es algo inalcanzable, sobre todo si tomamos en cuenta que en él hay solo tres imágenes imprescindibles: Jesús, María y José. Es posible completarlo con los pastores, sus ovejas y otras figuras, pero sin que pierdan importancia las tres principales. Los niños pequeños pueden recibir figuras del pesebre para pintar, compradas o hechas por adultos.

º Cuando los hijos son chicos, el pesebre es ocasión de darles protagonismo y explicarles el sentido cristiano de la Navidad. También de hacer oración ante esa representación, pidiendo no solamente por las propias intenciones sino también por los que más necesitan, especialmente las familias que viven en pobreza como aconteció en Belén. Este proceso conviene iniciarlo a comienzos de diciembre, cuando la propaganda comercial se intensifica y tiende a ocultar el sentido espiritual de lo que nos preparamos a celebrar. El 8 de diciembre (Solemnidad de la Virgen Inmaculada) es la fecha habitual para armar el pesebre y rezar delante de él todos los días.

º Navidad es también tiempo de solidaridad, sobre todo con las familias que viven una situación de pobreza como sucedió a Jesús, María y José en Belén. Es bueno que en esto participen todos los miembros de la familia, sea dando algo de las propias cosas (juguetes, ropa, etc), o comprando de modo intencional algunas comidas y bebidas destinadas al festejo de familias más necesitadas. Conviene hacerlas llegar a una familia determinada, o al menos a una Organización que nos merezca confianza, quizá una Parroquia. ¡Navidad no es consumismo, sino solidaridad!

º Una manera de vivir de modo activo nuestra fe en torno a la Navidad es colaborar con iniciativas de nuestra Parroquia como puede ser un coro, preparación de un Pesebre viviente, etc. También los medios técnicos actuales permiten ayudar desde la propia casa, por ej reenviando algunos mails sencillos y con profundo sentido de Navidad cristiana. Conviene evitar hacerlo como algo mecánico y masivo; es mejor personalizarlos, con algún mensaje breve diferenciado para cada destinatario. Es la versión electrónica de las antiguas tarjetas de Navidad que ahora se usan menos. Si sabemos hacerlo, es una buena idea crear un blog o algo semejante con mensajes selectos en torno a Navidad, algunos Villancicos, imágenes adecuadas, etc y divulgar la dirección. Es una buena tarea para entusiasmar a los más jóvenes de la familia, a quienes tanto interesa la tecnología.

º Finalmente anotamos algo de lo que no debe ser la Navidad:
+ Tiempo de grandes comilonas que ponen en riesgo la salud.
+ Una pesada obligación de reunirse muchas veces con todo el mundo (también por Año Nuevo).
+ Una ocasión en que gastamos más de lo que podemos, para cargar luego con pesadas deudas desde el inicio al nuevo año.
+ Tiempo de olvido de las prácticas de nuestra fe con la excusa de los compromisos sociales, alimentados por el clima de diversión alocada a que invitan algunos medios de comunicación en estas fiestas.

Es bueno preguntarnos más de una vez ¿Cómo queremos vivir la Navidad para que deje algún fruto positivo a nivel de nuestra familia y nuestra persona? Sólo así podremos vivir una cristiana y, por eso, ¡Feliz Navidad!

SOY NAVIDAD

Se nos acerca otra Navidad. ¿Qué haremos antes y durante ella? Estamos en una sociedad que por “copia” de otros países ha ido sustituyendo al niño nacido en Belén por un gordo de cara colorada, nacido no se sabe dónde, que aparece sobre todo en lugares de venta para que compremos (¿con qué dinero?) los productos menos necesarios. Habrá mucha gente que nos dirá “¡Feliz Navidad!” sin saber bien lo que significa. Otros adornarán su casa o prepararán grandes comilonas porque hay que hacerlo y nada más. ¿Esto es para nosotros la Navidad?

No. Me animo a decir que es todo lo contrario. Es celebrar que hace mucho tiempo, en una gruta perdida de Palestina (porque no había lugar para él ni sus padres) nació un niño frágil como todos los niños, pero más fuerte que todos nosotros. Vio la luz en la intimidad de una familia normal, rodeado de animales de establo y de rudos pastores; toda una postal de pobreza y humildad. Vino a la vida en las peores condiciones de dignidad humana e higiene, pero en las mejores condiciones de amor sincero.

Papá Noel no lo visitó. Ante todo porque todavía no existía pero, sobre todo, porque él no visita a los niños pobres. Su mamá María lo dio a luz sin ningún médico, ni anestesia, ni nada de eso. Junto a José vivió los miedos, dolores y todo lo que vive una madre en esos momentos. Seguramente había mucho amor y mucha confianza en Dios. Me la puedo imaginar agarrada a la mano de José, dando a luz a Jesús, feliz de cumplir la voluntad de Dios a la que en la Anunciación había dicho que sí.

En ese momento ella no pidió ventajas especiales. Sabía que cuando uno acepta el Plan de amor de Dios lo ha de hacer sin condiciones. Me puedo imaginar a un José cariñoso que la acompañó y vivió a su manera cada sentimiento de María, cada incertidumbre y cada temor respecto al futuro de ese pequeño niño recién nacido.

Nos cuenta el Evangelio que en el silencio y la extrema pobreza de esa cueva, recibieron como primera visita la de unos pastores que descubrieron allí algo muy destacado. Una gran fuerza salía de aquel lugar y llenaba todo el entorno, llamándolos a compartir un acontecimiento increíble. Se habrán encontrado con María dándole de mamar a Jesús junto a José, cansado pero contento de acompañar esa escena de amor abundante florecido en medio de la pobreza. Allí habrán empezado a sospechar que ese niño era alguien muy especial. Por eso, según el Evangelio, llegaron después unos magos de Oriente con diversos regalos. Su presencia simbolizaba que la salvación traída por ese Jesús era para todos los pueblos, no sólo para Israel.

Esto es lo que celebramos los cristianos en Navidad. Nos alegramos con Dios que nos ama tanto que se hizo uno de nosotros, sin despreciar la limitación y el pecado que tanto florecen en nuestro mundo. Por eso Navidad es ante todo tiempo de entrar dentro de cada uno, donde también habita Jesús, quizá pobre y abandonado en este caso por mí. Es tiempo de reflexión, de balance, de búsqueda.

Estamos finalizando este año. ¿Qué tengo para ofrecerle a Jesús que no sean lamentos y quejas de lo mal que nos va? A un niño recién nacido ¿le aburriré con mis repetidas historias donde sobresale la poca esperanza que a veces ocupa nuestra mente y nuestras conversaciones? Él espera otra cosa de nosotros. ¿Qué le vamos a regalar?

Padre Javier Fernández. Misionero claretiano
cjavierf@adinet.com.uy Noviembre de 2016.

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